
Ya ha empezado la sexta edición de «The X Factor», el concurso musical más amazing que ha parido madre. Olvidáos de «OT», «Britain´s Got Talent» y paparruchas similares. La carnaza buena está aquí. A un click. «Pop Stars», «Americal Idol», «Tienes talento», «Tú sí que vales»… programas todos muy divertidos ellos, pero a años luz de la locura que supone asistir a un visionado del «Factor X» chachi, el inglés. Viviendo en Dublín como lo hago, mi novia y yo no hemos podido abstraernos de entrar en el maremoto televisivo-musical que es «The X Factor». Es su sexta edición, pero parece más vivo y fresco que nunca.
La mecánica del concurso es sencilla y si visteis el español la recordaréis porque es la misma: cada juez se responsabiliza de un grupo distinto de cantantes (mayores de 25, chicos y chicas, y grupos) y, tras cada actuación, la critican. Se puede votar cada sábado a tu favorito y el domingo se expulsa al menos votado. Va todo más rápido y más al grano que en «OT». Aquí no sale un Jesús Vázquez hablando con la madre de Manolito, ni se conecta con el pueblo de Albacete de la cantante X, ni se sientan en un sofá a hacer «el repaso de la semana» con el presentador. Aquí se viene a cantar, a montar un circo bien grande en ese escenario demencial, y punto.
Todo lo que en España se hace a partir de las doce de la noche (votaciones, artistas invitados, expulsiones, duelos de concursantes nominados para la expulsión) aquí se resuelve en la gala del día siguiente, lo que me parece maravilloso. A ver si Telecinco renueva su «OT» copiando las virtudes de «The X Factor»…. y a ver cómo lo hace esquivando el plagio. Que estos de «The X Factor» ya se vieron en juicios con los de «Pop Idol» o los de «Pop stars» (esa Roser…) o los de «Pop Manolito».
Los juicios suelen ser mucho más suaves que los de Risto, por ejemplo, pero con bastante más chicha (tampoco demasiada, no exageremos). Dannii Minogue, lejos de ser la estirada que creía, es un algodón de azúcar, dulce y tierna como una madalena. Y con los ojos más bonitos jamás emitidos por televisión. Cheryl Noséqué tiene un aire a Eva Longoria importante y, como cantante pop que ha sido, sabe decir cosas con un poquito de sentido común. Simon Cowell es duro cuando debe pero sin humillar gratuitamente (y que conste que yo amo a Risto, una pena que Telecinco lo sobreexplotara en el último «OT»). Y un tal Louis Walsh, o el padre de Frasier como le llamo yo, es un señor entrañable que dice cosas inteligentes. Vamos, que aquí no hay ninguna Noemí Galera diciendo insensateces como «me ha gustado mucho tu actuación, qué guapo estás de negro, a ver si tienes suerte». Señora, para decir eso váyase a su casa. O presente la dimisión. O algo.

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