Hacía mucho tiempo que no veía una película de terror española que me gustara tanto como Verónica. Protagonizada por Sandra Escacena, una debutante en estado de gracia (tiene gotitas de María Valverde, momentitos de Shailene Woodley), la peli demuestra que en España, cuando nos ponemos a hacer cine de género, NOS PONEMOS.

Paco Plaza (co-director de las dos primeras [REC] y director en solitario de [REC 3: GÉNESIS] se ha atrevido a darle una vuelta al ¿manido? tema de las posesiones adolescentes (vuelvo a reclamar peli para esta novela) y se ha marcado una película tan original como clásica, tan tensa como rabiosa, tan interesada en la vida de esa Adolescente Coraje como en provocarte ese saltito dulce de butaca.

El argumento es sencillo: Verónica es la hermana mayor de tres peques que tienen que tirar p’alante en Vallecas, barrio de pura cepa de Madrid (donde quien esto escribe fue al cole y pasó toda su infancia y buena parte de su adolescencia). Su madre, interpretada por esa clásica que es Ana Torrent (¡cómo ha pasado el tiempo no ya desde Cría Cuervos sino desde Tesis!), no está nunca en casa porque se ha quedado sola y tiene que llevar el bar que da sustento a la familia. Verónica, para distraerse un poco de tanto estrés familiar, decide jugar un día a escondidas en el colegio al juego de la Ouija con dos de sus amigas. El resultado del juego pues… en fin… que casi mejor que hubieran jugado al Tozudo (mi juego de referencia en los cumples de los amigos cuando era peque). Algo o alguien ha entrado en la vida (¿el cuerpo? ¿la mente?) de Verónica y la joven tendrá que hacerse fuerte para proteger a sus hermanos pequeños del mal que acecha…

Verónica hace suyo un género que en principio nos queda lejos. Esto de chicas poseídas no es que sea muy español, pero Plaza lo lleva a su terreno, y esa recreación del Madrid de los primeros 90, la tele de la época, la moda, los columpios, ese colegio TAN AUTÉNTICO, calentar la leche en el cazo, el teléfono clavado en la pared y tener que cerrar la puerta con el cordel atravesado buscando intimidad en el cuarto de al lado… todo es tan auténtico, tan cierto, que la posesión entra sola.
Pero… ¿es posesión? A ver si va a ser una obsesión de esas, lo que tú sientes se llama obsesión… Jugar a la duda siempre es divertido y la cordura (o falta de ella) de la protagonista será puesta en duda con la misma fuerza con la que Plaza y Fernando Navarro (guionista) cuidan y quieren a su protagonista. Emocionante, plena de power y excelentemente rodada, Verónica es un HITAZO. Tiene dos o tres cosillas que me rechinaron (la monja «consejera» o el silbidito en la banda sonora, por ejemplo), pero el conjunto tiene un poderío y una convicción tales que dan igual.

Os dejo con unas declaraciones del director extraídas de la web La Taverna del Mastí con respecto a la película y las inspiraciones de la misma, ¡id a verla ya!
«En 1991, año en el que se desarrolla la acción de la película, yo tenía la edad de Verónica, iba a un colegio religioso, me encantaban los Héroes del Silencio y pasaba grandes parcelas del día con mis hermanos habitando un universo propio y hermético en el que las fronteras entre realidad y fantasía se difuminaban.»«En séptimo de EGB mi amigo Carlos Paniagua compró en el quiosco un fascículo con el que regalaban una tabla ouija muy similar a la que hemos recreado para la película. Por las tardes, a la salida del colegio, en el límite entre lo lúdico y lo terrorífico, nos juntábamos varios compañeros de clase para invocar a los espíritus. Nosotros mismos, que nos encontrábamos también en el límite entre la infancia y la pubertad, sentíamos el vértigo de coquetear con lo inexplicable, temiendo y deseando al mismo tiempo creer que nos comunicábamos con los espíritus.»
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Leed la crítica del gran Tomás Fernández Valentí (OJO, LLENA DE SPOILERS)

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