Sidney Prescott: la víctima, la superviviente, la estrella

En nuestro especial preparación para Halloween esta vez vamos a hablar de Scream. De las cuatro entregas estrenada y principalmente sobre sus personajes femeninos. Y ojo que vamos a hacer muchos spoilers así que si no has visto las pelis, las tres primeras están en Netflix y la cuarta podéis alquilarla en Wuaki.

El titular del artículo es un frase perteneciente a Scream 3 y es pronunciada por Roman (del que hablaremos más tarde). Randy en la primera entrega hace referencia a las reglas que hay que seguir para sobrevivir a una película de miedo y la que más nos llama la atención es «tienes que ser virgen». En muchas películas de terror los personajes femeninos que explotan su sexualidad suelen ser castigados con una muerte horrible, Scream critica esto cuando convierte a Sidney (cuando ya ha practicado sexo) en la heroína que salva a todos (junto a Gale). Otras películas como Cabin in the woods o The Final Girls también han hecho hincapié en este tópico misógino.

Hay varios artículos publicados que hablan del feminismo en Scream y aplauden la película por cambiar las reglas de género en este tipo de historias. No soy una experta en cine de terror y seguramente no haya visto muchas como para poder sentar cátedra, pero he visto bastantes y es cierto que en este tipo de cine slasher no he visto personajes femeninos tan icónicos como el de Sidney Prescott y menos que sea tratado como el de heroína. Aunque hay que reconocer que existe una fuerte influencia de Jamie Lee Curtis en Halloween (de la que ya hablaremos).

Como bien dice Roman, Sidney pasa a ser una víctima (asustadiza, traumatizada y equivocada) a convertirse en una superviviente, pero es más que eso, es una heroína. Con cada película vemos cómo cada vez tiene menos problemas en enfrentarse a sus miedos y a ghostface para salvar a sus amigos y evitar que se sigan cometiendo más crímenes. Porque a pesar de que ella no es la responsable, que esos asesinatos tan brutales que se cometen en su nombre, la hace sentir en parte culpable. En la cuarta entrega Sidney es ya toda una estrella. Jill no mata por venganza, no quiere convertirse en Ghostface, no quiere ser recordada como una asesina, ella quiere ser Sidney Prescott.

Sin embargo, en esta cuarta película cuando Sidney tiene menos protagonismo. Aún así con su final define otra vez que esa es su historia y que nadie puede acabar con ella. El caso es que a pesar de que la tercera película es la que peores personajes femeninos tiene, en esta también sorprende que el número de víctimas femeninas sea exageradamente mayor que las masculinas. Mientras en las anteriores el número es equiparable, en la última hay 8 víctimas femeninas y tres masculinas. Cuesta considerar una historia feminista cuando su principal argumento es el asesinato sangriento de tantas mujeres, pero como ya dijo Tatum en Scream creer que el asesino es un hombre es muy sexista, por lo que en este final es una mujer la principal instigadora (algo que también vimos en la segunda, aunque en ese caso el móvil era la venganza). Jill es una psicópata. Fría, calculadora, sin sentimientos. Es capaz de matar a su propia madre para cumplir sus objetivos, y no es una frase hecha, realmente lo hace.

No sabemos si este momento revelador de Jill con su «I don’t need friends, I need fans» es un guiño a esa frase de Tatum pero sí que recordamos al personaje con Kirby. Interpretada por Hayden Panetierre, es lo mejor de la cuarta entrega. Es tan grande que no la contamos como víctima mortal porque no está confirmado y porque, sinceramente, nos negamos. Es inteligente, divertida, atrevida, valiente… dice lo que piensa. Nos recuerda mucho a Tatum, un personaje al que también cogemos mucho cariño y por desgracia muere a manos de Ghostface. Pensamos que Kirby era la respuesta a esos fans que echaban de menos a Tatum por eso nos dolió más ver cómo ella también era atacada. Y además Kirby es una experta en el cine de terror. Lo tiene todo para convertirse en una heroína y teniendo en cuenta que la otra principal chica de esta nueva generación de Scream resulta ser Ghostface, creemos que si se hace una quinta película debería ser Kirby la principal estrella.

Y no nos podemos olvidar de Gale Weathers. Sinceramente creo que junto a Sidney es otro de los personajes que más evolucionan, aunque en algunos momentos se dulcifica demasiado. Creo que sus mejores momentos están en la primera y segunda película donde la vemos en continuo conflicto. Es una periodista sin escrúpulos y ambiciosa pero es incapaz de quedarse quieta cuando ve que hay gente que está siendo asesinada y por mucho que algunos crean que es por labrarse una carrera profesional y ganar un Pulitzer, a Gale verdaderamente le importa esa gente. Mete la pata muchas veces y recibe sendos puñetazos de Sidney como respuesta, pero finalmente la gente de Woodsboro se convierte en su familia. Cuando se estrenó la tercera película muchas críticas hacían hincapié en que la interpretación de Courtney Cox parecía más la de Monica Geller que la de Gale. Puede ser que esto se debiera a que el guionista encargado de esta tercera entrega no era Kevin Williamson, aunque este ejerció de supervisor. Tanto esta película como la cuarta cae en el error de hacer a la pareja de Gale y Dewey más cómicos que en los inicios y a caricaturizar varios personajes.

Especialmente en la tercera, aunque salvemos a Parker Posey porque está estupenda siempre y hace una maravilla con su personaje, los papeles de los actores que trabajan en el set de Stab son estereotipos horribles. Vacíos, superficiales y olvidables. Pero la tercera película tenía una crítica muy potente y que estos días es muy actual: los abusos sexuales por parte de productores y directores. Dado a que las películas pertenecen a Dimenssion Films de The Weinstein Company (algo que ahora mismo ensombrece mi cariño por ellas) dudamos de que fuese una indirecta a las bestialidades cometidas por Harvey Weinstein, pero lo relatado en Scream 3 sobre cómo la madre de Sidney fue violada y abusada en las fiestas celebradas por los productores de las películas en las que participaba y que finalmente Ghostface fuese el director llamado Roman, estamos seguros de que era una referencia a los casos de violación por los que fue acusado Roman Polanski.

Aún no sabemos si habrá una quinta parte pero esperamos que si la llegara a haber, volvamos a contar con personajes femeninos tan contradictorios, complejos y fuertes como los que hemos estado disfrutando hasta ahora.

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