Hace unos días María Abad comentaba en Twitter que los personajes de Meg Ryan solían ser un poco psicópatas y tiene toda la razón.
Si ya una vez mencioné los casos de Machismo Público en películas románticas como Noah amenazando con tirarse de la noria si Allie no salía con él, ahora toca el turno de hacer un repaso a las «locuras de amor» que ha hecho Meg Ryan a lo largo de su filmografía.
Y no, estas «locuras de amor» no son nada románticas, al menos si las llevamos a la realidad porque en un guión donde todo está milimitrado puede que estos gestos encajen a la perfección. Pero en la realidad te ganarías una denuncia por acoso o directamente un internamiento en un psiquiátrico.
Empezamos con Algo para recordar que volví a ver hace poco (digo como si no la viera cada año). Lo de enamorarse de alguien al que solo le conoce por haber escuchado su intervención en la radio ya debería hacer sonar todas las alarmas. Ya hablamos sobre este tema en nuestra defensa de Walter porque solemos olvidar que Annie (Meg Ryan) tiene novio antes de que la voz de Tom Hanks llegue a su vida. Pero el nivel de stalkeo de Annie es preocupante. Su obsesión aumenta a cada minuto, no se pierde ni uno de los programas en los que Sam (Hanks) habla sobre su vida después de la muerte de su mujer. Se ha enamorado de cómo habla de ella y porque piensa y dice lo mismo que él en ciertos momentos. Motivos muy sanos para enamorarse de alguien, ajá.
El nivel de locura llega a la estratosfera cuando finge estar haciendo un reportaje sobre Sam y su aparición en la radio para encontrar más información sobre él y espiarle. Solo espero que los viajes que se mete a Seattle no los pague el periódico porque ya tiene demasiados problemas el periodismo como para pagarle a esta mujer sus intentos de escarceos amorosos. Porque sí, viaja hasta Seattle no sin antes haber contratado a un detective privado para ver cómo era Sam (si hubiese sido feo, la película hubiese acabado en una media hora).
No sabemos muy bien por qué va a Seattle ya que salvo un hola no le dice nada más cuando lo tiene frente a frente. Una voz en la radio y un hola le parecen suficiente para dejar al pobre Walter con el que está a punto de casarse. Santo varón donde los haya, se toma la ruptura divinamente lo que hace que nos queramos casar con él si ella no le quiere.
En el caso de French Kiss debemos admitir que somos muy fan de su personaje. Esta es la película en la que Meg Ryan te enamoró y lo sabes. No podemos entender cómo Charlie la dejó escapar porque ella no tenía nada que envidiar a esa monada francesa de la que él había caído prendido. Aún así, Kate (Ryan) también cae en las redes del stalkeo. Decide viajar hasta París y perseguir a su reciente ex para reconquistarlo y traerlo de vuelta a casa. Si ya colarte en casa de tu ex sin avisar es un incordio para el ex y da bastante miedo, lo de colarse en un país ajeno para verle ya directamente es terrorífico. Gracias a Francia por Luc (Kevin Kline) que consigue hacer que vuelva a su cabales. Aunque para ello haga falta hacerse pasar por una pareja enamorada, algo que para nada es indicio de locura, PARA NADA.
Parece que el grado de locura de los personajes de Meg iban aumentando con cada película y en Adictos al amor ya se le va la pinza totalmente. El nivel de espionaje es de un profesional que asusta. Una verdadera psicópata que no dudará en realizar hasta una persecución en moto si con ello consigue vengarse de su ex. No contenta con arriesgarse a ser acusada y condenada por acoso (porque nadie en su sano juicio la declararía inocente) convence a Sam (Matthew Broderick) el exnovio de la actual pareja de su ex para que se una a su plan.
Todo en este personaje de Ryan es una locura. No la salva la comedia romántica. Está tan zumbada que paga a un comediante callejero para que su mono asalte a su ex con un pintalabios y así parezca que tiene una amante. A ver, está loca, pero imaginativa es un rato. En este caso al menos en la película le dejan claro varias veces que a lo mejor necesita ayuda y dejar pasar todo el tema de la venganza. No es como con Annie o Kate donde esos momentos de enajenación nos los pintan como grandes gestos románticos.
El siguiente paso es Mi novio es un ladrón. Aquí no es tanto que esté desequilibrada sino que es muy alocada, algo que su hijo no soporta. Tras tres años sin haber mantenido contacto, Henry descubre que su madre ha realizado una transformación bestial. Ha abandonado el sobrepeso y la depresión para lucirse como una tía buena que vive la vida al máximo. Henry debería relajar y dejar a su madre disfrutar de esta nueva juventud tardía pero es cierto que lo de reírse a carcajadas cuando se le rompen las copas, muy normal no es. Soy muy fan de Marty (Ryan) y de cómo revoluciona su vida pero ¿se debería calmar un poquillo? Pues también porque lo de aceptar como colegiala que su novio vaya a toda mecha por la carretera es bastante peligroso. Que mucho descapotable y pelo al viento, pero provocan varios accidentes y no sé, que no tiene gracia. Lo de liarse con jovencitos pues muy top, pero ya los podría escoger un poco más listillos porque el chavalín que se liga es un zopenco.
(Por cierto, ¿nos hace tremenda ilusión que quien interpreta a su hijo sea Colin Hanks, hijo de Tom Hanks? CONFIRMAMOS).
Y entonces llega Atrapado por amor. Es hora de ingresarla en el psiquiátrico y no volverla a dejar salir. Louise (Ryan) descubre a su marido en plena escapada romántica y la afortunada en recibir sus atenciones no es ella, sino una versión unos veinte años más joven que ella. Enfadada no, furiosa, fuera de sí, zumbadísima, decide secuestrar a su marido. Lo ata y lo amordaza dispuesta a salvar lo que queda de esa relación. Y mira en cierto modo estamos con ella porque a su marido Ian lo interpreta Timothy Hutton, es decir, Charlie, el capullo que la abandona por una chica francesa en French Kiss. Llevábamos desde 1995 esperando esta venganza. Pero la historia no acaba aquí porque durante este secuestro unos ladrones entran en la casa y entonces Louise e Ian deberán unir fuerzas. ¿Es el momento de perdonar todas las locuras que ha cometido Louise a lo largo de estas horas? Puede, aunque recapacitarás mucho sobre tu simpatía hacia este personaje con el giro final. Meg Ryan no es tan inocente como parece.






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