El musical de Waitress está basado en una peli protagonizada por Keri Russell que tiene la mejor premisa de la historia: Felicity haciendo tartas. Qué más se le puede pedir a la vida. Cierto es que luego la película no es tan alegre como puede parecer… y esto es algo que replicará (para mi desgracia) el musical. Pero no anticipemos acontecimientos, os sitúo: estoy en el Adelphi Theatre de Londres, emparedado entre un señor chino que quería establecer conversación (¡calle, señor, yo no he venido aquí a comunicarme!) y dos BFFs dándolo todo mientras sorbían gin-tonics con pajita… mientras yo me preguntaba (mentalmente, no en alto como un loco) si valdría la pena este nuevo musical en el que me había dejado un pastizal, y si podría comerme una de mis Ben’s Cookies a mitad de obra. Las respuestas son: sí y ni de coña (hay mucha luz sobre los asientos, esto no es como el cine, no entiendo).

Waitress está bien pero no está tan bien como quería que estuviese. Mi orden de disfrute de los poquitos musicales que he visto (The Book of Mormon, Wicked, Waitress, El Rey León) indica claramente que yo entiendo el musical como una celebración de la vida, una manifestación de alegría, una explosión de… vamos, que prefiero las comedias. El drama, en la vida y también en el musical, me cuesta más. Waitress es un drama disfrazado de comedia y a mí me estaba flipando mientras tenía el disfraz puesto, en esa primera mitad estupenda, pero luego la prota se puso a “sentir muy fuerte”, emociones a tutipleni, y a mí dejó de interesarme. Me desenchufé.

Pero no es solo que la segunda mitad de la obra se vuelque sin disimulo en el drama o las aristas más difíciles de la historia que se nos cuenta (una ama de casa maltratada psicológicamente por su marido que sueña con una vida mejor entre tartas y un diner lleno de amigas y clientes fantabulosos), es que cuenta con números menos redondos y algunos sencillamente innecesarios. Me refiero a la del Viejo Joe en solitario, interpretado por Shaun Prendergast, pegotazo total que solo estaba ahí para que el actor se luciera (a la gente le encantó, desafortunadamente yo no traía el bagaje de conocer los muchos años de carrera de este señor).

La primera parte va como un tiro; la sucesión de números y escenarios caen como fichas de dominó (las transiciones de un espacio a otro son casi imperceptibles de lo rápidas y efectivas que son), el reparto está perfectamente engrasado (luego más sobre esto) y hay dos o tres números brillantes: aquí la obra demuestra que tiene material de sobra para afirmarse como lo que es, uno de los musicales de más éxito en Londres y que ya tuvo gran éxito en Broadway (con un equipo creativo íntegramente formado por mujeres).
A este respecto, me parece una ocasión perdida que, la que es a mi juicio LA CANCIÓN DEL MUSICAL (“It only takes a taste” (“Solo hace falta un bocado”), no sea aprovechada en la segunda mitad de la obra como remate a la relación entre nuestra camarera protagonista y el doctor. Esto es algo que se hace en cualquier obra de ficción, ya sean monólogos de cómicos, espectáculos de improvisación, películas u otros musicales (The Book of Mormon): recuperar algo brillante del principio para rematar una situación posterior. En Waitress no regresan a su canción estrella en ningún momento y me parece un gran error. Claro que esta es la que me parece a mí la canción estrella, cuando solo he visto un puñado de musicales, así que no puedo garantizar que lo sea.

Y del guión, ¿qué? Bueno, pues me pareció solo pasable, los chistes no están ni de lejos al nivel de The Book of Mormon (perdonad que la ponga como ejemplo todo el rato pero es que la visto dos veces, me he comprado hasta el libreto, me parece buenísima). De hecho, hay algunas situaciones cómicas que no funcionan precisamente por las líneas de diálogo sino porque los actores las sacan adelante con su carisma y talento.

Me refiero sobre todo a Jack McBrayer, que os sonará de 30 Rock. El tipo, sin duda una de las grandes bazas de la obra, sabe que es gracioso y a poquito que hace, te ríes (mejor no te pares luego a pensar si lo que decía o la situación en sí tenía de verdad gracia…). Tan bueno es y tan conscientes son de esto los responsables de Waitress, que le dan escenas de más, que no tienen mucho sentido dentro de lo que se nos está contando, tan solo para sacarle risas al público. Ni sus intervenciones ni su trama son imprescindibles para la obra, pero como es gracioso… en fin, que funciona, no lo voy a negar, pero si lo hubieran insertado mejor en la obra, hubiese sido perfecto.

Vamos con los actores: las dos camareras amigas de Jenna son un comic relief de manual pero están las dos muy bien. Dawn, la “friki de gafas y voz aguda” (Laura Baldwin) es a lo mejor way too stereotypical pero bueno, cumple. La prota, Jenna, a ver… hmmmm… a ver, Katherine McPhee canta que lo borda, esto es así, pero ofrece una interpretación un poquito fría, un poquito desconectada. No emociona. Puede ser que se lo hayan exigido (la historia del personaje en la obra implica cierta desconexión de la realidad, con esas ensoñaciones constantes), pero se queda un poquito a medias. Hubiese preferido a alguien más… cercano. David Hunter hace del doctor y está muy bien, tiene un timing cómico perfecto (también hace gala de un dominio de la comedia física en uno de los momentos más graciosos de la obra) y canta estupendamente. Me recordó, además, a Jim de The Office; ese “ahora mismo podría romperte hasta la carcajada pero me voy a mantener en esta pose elegante y contenida”. Muy bueno. El señor mayor, Shaun Prendergast, hace muy bien lo suyo pero, como ya he dicho, lo de darle su propio número me pareció excesivo. Mención especial para la enfermera negra, que no sé cómo se llama la actriz, pero que CLAVA sus dos o tres momentitos. Una crack.

Para terminar esta interminable crítica, sabed que el Adelphi Theatre me gustó mucho, tiene una visibilidad y acústica guay; los escenarios estaban cuidadísimos (la recreación del diner americano está de 10); y la banda que a veces aparece sobre el escenario está integrada de lujo, en un discreto segundo plano. Una duda que algún aficionado a los musicales podrá resolverme, ¿por qué no venden a la salida del teatro un CD con todas las canciones del musical? Me lo hubiese comprado de cabeza. Veo que esto es habitual, no vender CD’s con las canciones a la salida del musical que acabas de disfrutar…

La música y letra de Waitress es de Sara Bareilles (siete veces nominada al Grammy), el guión de Jessie Nelson (película I am Sam, la de Sean Penn) y la dirección de Diane Paulus (ganadora de un Tony). Mirando un poquillo para escribir esto, he descubierto que Adrienne Shelly, la directora y guionista de la película, escribió el film como regalo a su hija Sophie y que, desgraciadamente, murió en 2006. Se creó la Adrienne Shelly Foundation tras su muerte para ayudar a mujeres directoras a sacar adelante sus proyectos.
Sabed también que tras buscar en Google “has Keri Russell seen Waitress the musical?” no he obtenido más que este vídeo en el que la actriz presenta un número de la obra en los 70th Annual Tony Awards (el número es uno de los iniciales de la obra, la actriz aquí es la de la versión de Broadway). Y también unas declaraciones de la Feli diciendo que nunca recuperará su papel de Jenna en teatro porque no se le da muy bien lo de cantar; que bailar vale (ya lo hizo en el Mickey Mouse Club, por ejemplo), pero que lo de bailar nanai. Y os digo también que qué buena actriz y qué maja y qué guapa es Felicity, por el amor de Dios. The Force is indeed with her.
LO MEJOR: Dos o tres números brillantes, el excelente timing cómico del doctor, el cambio de decorados se hace con una facilidad alucinante, ni te enteras.
LO PEOR: Una protagonista un pelín fría y un segundo acto claramente inferior al primero.
PERO A VER, ¿TENGO QUE IR A VER WAITRESS?: Sí, está divertida, hay un par de números excelentes y los actores están francamente bien… y si te esperas a la misma noche de la obra para sacar la entrada (como el chino que quería hablar conmigo y al que corté en seco cuando me dijo que a él le había costado poco más de 60 libras), mejor que mejor.

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