Llevo mucho tiempo buscando un enganche teen pero con cada serie nueva con la que lo intento me acaba sonando en la cabeza el estribillo de U2 “but I still haven’t found what I’m looking for…”. Con TeenWolf todo apuntaba muy bien pero me acabé desenganchando antes de que terminara la primera temporada (demasiada mitología para lo que era una comedia adolescente), con Glee acabé agotándome al igual que la serie se agotó a sí misma (una serie tan over the top tenía que petar pronto, en este sentido me recordó a Ally McBeal), con The Vampire Diaries aguanté un par de años pero the very same fandango: un rotorcimiento exagerado de mitologías paranormales me acabaron alejando… era como si tuviera que hacer deberes antes de ver una serie adolescente. Estas series antes iban de relaciones, primeras citas, movidas con los padres, el baile de promoción… ¡Riverdale! Riverdale me salvaría; con Archie, Betty, Veronica y el pueblecito encantador… bueno, pues tampoco, esto era otro misterio unido a otro misterio unido a otro misterio. ¿Pero cuántas capas más de la cebolla había que pelar para ver un episodio en el que, por ejemplo, los chicos fueran al cine o tuvieran que hacer el famoso trabajo de “economía doméstica” en parejas (parejas que se odian antes del trabajo y que acaban descubriendo la verdadera personalidad del otro después del trabajo, of course)? Mi travesía por el desierto, sediento de un serial adolescente a lo Dawson Crece (tengo One Tree Hill aparcadita en la primera temporada, la pobre…), parecía no tener fin… hasta que me puse a ver The Society. Creo que la he encontrado. Creo que tengo una nueva serie teenager.

Escribo esto sin buscar una sola coma en internet sobre la serie, creo que tiene apenas 9-10 episodios (segunda temporada anunciada para 2020) y sé que en cuanto ponga algo en Google me van a soltar algún spoiler sobre la serie, porque lleva ya un tiempito en Netflix disponible para todo aquel que quiera adentrarse en su interesante detonante: el de un mundo, o al menos un pueblo que ha quedado huérfano de adultos y en el que los adolescentes deben organizarse de alguna manera para seguir adelante con sus vidas. Es evidente que la serie juega, a lo The 100 o Roswell, a meter “tramita misteriosa-sci/fi” para lanzar sus temas pero, a diferencia de otras series (o, al menos, a diferencia de otras series en sus dos primeros episodios, que son los que he visto de momento), creo que usa a sus personajes para ir avanzando la trama “paranormal” y no al revés. Vamos, que los personajes me interesan, no son marionetas, no son de cartón, toman decisiones, tienen personalidades, hacen cosas; me importan, en resumen. Algo que no podía decir de casi ningún personaje teen de los últimos años.

La trama no es original, lo del mundo gobernado por teens sin padres a la visto lo hemos visto antes y seguramente mejor, pero aquí lo hacen lo suficientemente bien como para pasar por encima el hecho de que no es la idea más fresca del mercado. Quizá lo que más me gusta de la serie es la seguridad que tiene en sí misma, sabiendo moverse muy bien entre “qué carajo ha pasado y a ver cómo nos apañamos ahora” y el “seguimos siendo adolescentes aunque tengamos que montar aquí una Society” (un buen ejemplo de esto sería el juego de “policías y ladrones” del segundo episodio). Los actores están francamente bien (el pijito bad boy mola y la chica rubita de pelo largo rizado es LO MÁS –no dejo de preguntarme dónde la he visto antes-) y visualmente la serie es bastante atractiva. A ver si el bueno de Marc Webb, director y productor de The Society, recupera el mojo de 500 días de verano y se olvida de su fallido díptico de Spider-Man (aunque llevo semanas oyendo la maravillosa banda sonora de la primera peli compuesta por James Horner).

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