En una entrevista de Xavi Sancho con Silvia Marty para el suplemento de verano de El País (una entrevista ligerita-ligerita, y esto lo dice un señor que escribe en Brenda Forever), hemos conocido un par de cosas sobre la actriz: 1) Que lo de los postres no lo hace como YouTuber como dije en el post de Un paso adelante sino en un programa del Canal Cocina (al que estaría enganchadísimo si viviera en España); y 2) Que no ha dejado el mundo de la actuación porque está de gira con la obra El otro, de Miguel de Unamuno, que llega en otoño a Madrid.

En la entrevista la actriz habla un poco de por qué dejó Un paso adelante y UPA Dance (resumen: se estaba agobiando) y esto me ha hecho pensar en precisamente eso: el agobio que tienen que sentir los ídolos de series adolescentes.

Si algo adoré de Riverdale desde el día uno es que eligieran al tristemente fallecido Luke Perry como el actor que daría vida a Fred Andrews, padre de Archie. Él, que fue iconazo teen en su juventud forrando carpetas de medio mundo como Dylan McKay, sería una brújula valiosísima para guíar al principiante KJ Apa por los controvertidos vericuetos de la fama, los fans, los paparazzi, los agobios en los centros comerciales, la huidas por puertas traseras y un largo etcétera de situaciones ante las que ninguno de nosotros sabemos cómo hubiéramos reaccionado si nos llega la fama de golpe a una edad tan temprana (quien seguramente lidió mejor con esto fue Gabrielle Carteris, porque su personaje en Sensación de Vivir tenía 15 años pero ella en la realidad contaba 52 primaveras, así que ya tenía un bagaje en la vida como para llevar aquello con cierta filosofía).

No todo el mundo lleva bien hacerse muy famoso de repente, algunos pierden el contacto con la realidad (ver el caso de Mischa Barton tal cual lo relataba Jason Priestley en su libro) y otros se enfrentan a sus compañeros de reparto en cuanto alguien empieza a gozar de más simpatías que el resto (a este respecto es muy ilustrativo el buen documental de Parchís que estrenaron hace no demasiado en Netflix).

Cada vez valoro más aquello que hizo Natalie Portman de pararse un momento cuando estaba en plena cresta de la ola, terminar sus estudios y retomar su carrera con calma y algo de perspectiva. No todos tienen esa suerte y, en ocasiones, pagan las consecuencias de manera trágica (ver el caso del chico que hacía de Finn en Glee). En fin, que mucha suerte a los chicos de Stranger Things, Euphoria, Élite y todos los demás que van a tener que enfrentarse a la ardua tarea de ser un ídolo adolescente.


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