Los Sharpies (algo así como los “brillantitos”) son rotuladores que dejan marca permanente en papel, plástico, metal “y otras superficies”. Se fabrican en Atlanta, Georgia y fueron lanzados al mercado en 1964. Te sonarán de películas y series adolescentes: cada vez que había que escribir algo en un papel o pizarra… tracatrá, Sharpie al canto. ¿Es que no hay más rotus en el mercado americano? El más común es el de punta fina pero hay otros como el de punta extra-fina, el de punta de cepillo o el de punta retráctil. Además, ahora los hay hasta minis para ponerlos en el llavero o colgando de la cremallera de la mochila a modo casi de accesorio, sin necesidad de escribir nada.

Dice la Wikipedia que en 2011 eran ya 200 los millones de unidades vendidas en todo el mundo pero esto de “todo el mundo” debe incluir tan solo a unos pocos países porque, ¿vosotros habéis visto alguna vez un Sharpie de esos en España? ¡Yo tampoco!

Bueno, vale, puede que hoy suene la flauta en alguna tienda pero en España hemos sido siempre de los Rotring, los Carioca, los Staedtler, los Stabilo, etc.

Se dice que George Bush es megafan de los Sharpies, lo mismo que Donald Trump, a quien se ha visto con un modelo personalizado (no sería raro que hubiese firmando algún documento con uno…). Otros que defienden a los brillantitos son … ¡¡los astronautas!! Sí, es que pueden usarse en gravedad cero y, claro, los de la Estación Espacial Internacional ponen la mano en el fuego por los Sharpies.

En su web podéis ver los distintos modelos que tienen, hay de todo, parecen donuts o Converses o yo qué sé, esta gente lo customiza y franquicia todo, cómo son para esto los yanquis. Una de sus secciones anima a la gente a volverse loca con los rotuladores y usarlos para pintar mochilas, decorar jarrones y vasos, personalizar instrumentos y muebles y hasta crear obras de arte callejero. ¡Pon un Sharpie en tu vida!

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