HE VISTO ‘ALICE, QUERIDA’ Y ME HE QUEDADO A BOB SQUAREPANTS. REALMENTE, ES UNA EXPERIENCIA.
Alice, Querida es una peli que podéis ver en Movistar Plus y a la que yo me acerqué BASTANTE ENGAÑADO: había visto una única foto del film en una de mis queridas revistas de cine (ejem, autopromo, ejem), y una breve descripción de la cinta en la que decían algo así como que un grupo de amigas EMPUÑABAN UN HACHA para rendir cuentas con el novio de una de ella… Menos mal que la película no es, en absoluto, la fiesta mamarracha y petarda que tenía en mi cabeza, sino una película extraordinariamente sutil y delicada, bien tramada y, quizá en su sutileza, aún más contundente que un mazazo en la cabeza.
No quiero contaros mucha cosa sobre la misma y, de hecho, el titular de este post es un poquito misleading… porque ni la peli es una confrontación de Alice (Anna Kendrick) contra un grupo de exes cabreados a lo Scott Pilgrim, ni el machirulo del film es la versión corpórea del concepto como si puede serlo, no sé, Rubiales. Alice Darling habla, a susurros pero con firmeza, de cómo nos vamos haciendo chiquititos cuando no sabemos atajar las voces autoritarias que nos quieren laminar. Habla de cómo sacar fuerzas de flaqueza para enfrentarte a tus temores. Y habla, creo, supongo, de cómo la sororidad no es un ejercicio orquestado sino algo tan natural (y necesario) como el aire que respiramos. Recomendadísima.

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