Vuelve The Pitt, vuelve el espectáculo (pero sin la doctora Collins?!)

Ha vuelto The Pitt, la serie de HBO Max que convierte los cuidados hospitalarios de urgencia en un espectáculo televisivo como no se veía desde… estoooo… pues bueno, a ver, lo voy a decir: como no se veía desde los tiempos de Urgencias (¡normal que haya demandas de por medio, The Pitt es la actualización definitiva e indisimulada de aquella obra maestra del medio!). Como decía, el primer episodio de la segunda tanda de The Pitt (los de HBO Max van a ir soltando un episodio a la semana, como hacían en… emmmm… Urgencias) recupera esa mezcla de humanidad, ritmo salvaje e impredecibilidad médica que convirtió a la primera temporada de la serie en un auténtico pepino (de haberla visto antes, por supuesto, habría figurado en mi Top 5 de mejores series del año). Aún así, echo algunas cosas a faltar en el 2×01 que procedo a exponer, así que píllate un buen asiento en la recepción del County General Pittsburgh Trauma Medical Center, rellena tu «pasaporte de paciente», y prepárate para leerlas:

La IA no acertó al rejuvenecer a Carol, Susan y Mark. Con Carter, acertó de chiripa.


Para empezar, quiero decir algo que llevo pensando desde los primeros episodios de The Pitt: es verdaderamente notable como Noah Wyle se ha graduado y es capaz él solito de llevar todo el peso de una de las mejores series de la actualidad. Quiero creer que el doctor Doug Ross (George Clooney) y Benton (Eriq LaSalle) le han felicitado personalmente por su triple labor; además de protagonista absoluto como el doctor Michael «Robby» Rabinovitch (un excelente profesional, creativo y aplicado, casi siempre templado y justo -hi Mark Greene-, personalmente marcado por la traumática pérdida (a sus manos, nada menos) de su mentor en la peor ola del COVID, defensor a ultranza de su equipo y continuamente enfrentado a la autoridad -ahí está esa magnífica antagonista que le exige más productividad con cada vez menos recursos y, sobre todo, mejores puntuaciones por parte de los pacientes, esas grandes gilipolleces empresariales de nuestra época-, es el impulsor de la creación de la serie y uno de los productores de la misma. The Pitt vive y muere en Noah Wyle. Vale que tiene un magnífico plantel de actores y personajes (ojo a cómo en el primer episodio ya te quedan clarinetes, por ejemplo, lo muy distintos que son entre sí los médicos estudiantes), pero sin Carter Robby, la serie carecería de alma y centro de gravedad. Me encanta cuando Noah Wyle se mete las manos en los bolsillos y anda por los pasillos del hospital, ¡lo mismo hacía con sus batas blancas en Urgencias! Qué bonito viaje para el actor, reencontrarse con un hitazo médico en su carrera tantos años después, con tantos tiros pegados, cómo puede volcar toda su experiencia de vida en un personaje que le va como un guante, ¡ojalá lo esté disfrutando! Ahora sí, vamos con lo que he echado en falta en el 2×01…

Breve jornada laboral en The Pitt


… además de los tambores frenéticos que anunciaban jarana en Urgencias (dícese un caso chungo que te cagas que entraba por la puerta), me ha parecido sorprendente y decepcionante que no haya aparecido la doctora Heather Collins (Tracy Ifeachor, con la que Robby tuvo un lío según nos contaron en la primera temporada). ¡Pero es que ni siquiera la mencionan! Como esto era rarísimo (pero RARÍSIMO), he buscado en Google y en Vanity Fair dan con la tecla: aunque los responsables de la serie intentan vender su ausencia por razones argumentales, me inclino por creer que esta razón (le he dado su propio post por si queréis profundizar) es la verdadera: la han despedido por pertenecer a una iglesia que presuntamente, propaga la homofobia. En cualquier caso, a la actriz no parece irle mal: se ha colocado en el reparto deRefrain, la nueva peli de M. Night Shyamalan (una de las 26 cosas que me muero por ver en 2026). Por cierto, otro al que no he visto es a Mateo


Otra cosa que me ha descuadrado un poco del 2×01 es que este día 2 en la vida del doctor Robby y todo su equipo (fenomenal hallazgo narrativo que cada episodio sea una hora de su jornada laboral, qué más da que venga de 24 o de dónde sea: para un drama médico funciona como un tiro) no introduce tan bien a sus nuevos personajes como en el piloto (la nueva doctora que se «enfrentará» a Robby queda un poco difusa), prefiere postergar todo lo del doctor Langdon y Robby para futuros episodios (¿no tendría más sentido que lo hablaran la primera vez que se reencuentran para hacer tabla rasa (o para no hacerla)?); y, para terminar, Robby dice que es su último día de curro antes de tres meses que se va a pegar de vacaciones nosédónde, ok, merecidas, pero… ¡¿el 4 de julio, festivo en los Estados Unidos, es el último día?! ¡Las vacaciones deberían empezar el mismo 4 de julio! ¿Vas a currar voluntariamente un festivo? Lo tuyo por la medicina no es amor, Carter, lo que tú tienes se llama obsesión!

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑