Y si no quería Ryan Murphy que hiciéramos juegos de palabras pues no haberle sablado el concepto, la idea y the visuals a La Sustancia, la peli de Coralie Fargeat que recuperó a Demi Moore para nuestras vidas para… ¿acabar dándole un papel de secundaria en Landman? What? A lo que íbamos, que The Beauty es algo así como The Substance: The Series (me ha recordado, de hecho, a aquel capítulo de Smallville en el que Pete truca su coche con kriptonita para que corra como los de Fast & Furious, está tan cerca del plagio que tiene su mano literalmente en su culo… mirad, quería escribir esto como lo haría Kevin Smith, pero no me ha salido, ¿ok?, la idea es que es una fotocopia, hala, sigan su camino).

He visto las tres primeras entregas de esta serie de Disney+ o de Hulu o de FX (de esta última, la emiten las dos primeras, creo) que venden con Ashton Kutcher de reclamo en los pósters y… ¿Ash·Kutch (no one ever called him that) sale como cinco minutos en pantalla? Pero no es la única sorpresa. Hay tres más: la primera es que, visualmente, esta serie es un prodigio. Sí, ok, la trama viene a ser una variación más policial, ligeramente más misteriosa, seguro más derivativa de la mencionada peli (modelos internacionales comienzan a explotar en pedazos, así, de repente, en Roma, Venecia, París… y llaman a dos agentes del FBI para investigar el caso), pero ¡cómo luce cada minuto! No hablo de los actores, que también, hablo de la factura de The Beauty, tan preciosa y deslumbrante como ese ideal de belleza cuya persecución ridiculiza. Atentos al 1×02, una verdadera joya con todo el episodio pasado por un filtro verde y morado que me ha dejado epatado, patty-difuso, catacroker. Muy fan del 1×02, es bellísimo. Me lo vería hasta sin sonido.

¿Las otras dos sorpresas? En el número 2 tenemos la peculiar estructura de la serie, que tiñe todo de intriga y, en lugar de situar al espectador, no deja de introducir tramas y personajes que a ver dónde va a desembocar todo esto, ¿les dará tiempo a amalgamarlo todo en una historia con sentido? («amalgamar» es un verbo engolado, por seguir el rollo de belleza vacía que ansían varios de los personajes del show). No me disgusta que la serie guarde cierto silencio, sssssssh-secretitos, pero tarde o temprano tendrá que dejar claro quién es toda esa gente, cuál es el papel de Ashton Kutcher, qué es The Corporation, por qué explota la peña, etcétera. De momento, lo sigo con agradable interés.
La tercera y última surprise Sidney es que Ryan Murphy vuelve a enloquecer en un tercer episodio pasadísimo de vueltas, con situaciones de una absurdidad tan grande que puede echar a la audiencia del show (¡a mí me echó en el primero de Scream Queens!), pero que aquí me ha parecido más conveniente para lo que cuenta la serie. Además, Anthony Ramos está MUY TOP (ojo a su momento American Psycho en el hotel, creo que es lo mejor que ha hecho en Hollywood, lo que habla muy mal de la gente que no le dio papeles más aptos para que pudiera lucirse en el pasado). Está sobreactuado, por supuesto, pero quieres que siga subiendo el dial de la exageración en cada secuencia de lo bien que lo hace.
Iré comentando el resto de serie. Creo. Espero. No olvido la frase que dijo en la interesante serie Love el protagonista: «I know I’m not one of the beautiful people», empaticé tanto con ella… uno sabe si durante toda su vida ha sido de la gente guapa o no. El deseo de experimentar la vida desde ese lado nunca desaparece del todo, por muy banal, fugaz y hueco que sea dicho lado. Solo un ratito. Para ver cómo la gente se fija en ti, te sonríe, te tiene en cuenta solo con aparecer. En ese lado, más que andar, uno debe ir deslizándose. En esta serie se juegan sus cuerpos y sus vidas por pasarse a ese lado. Es una chorrada y no ocultará (me da a mí) nada profundo en su interior, pero es lo que tiene la gente guapa, que te entra por los ojos.
PD. No confundir la serie con aquel intento de la CW de rebootear la carrera de Mischa Barton. Didn’t work.

Deja un comentario