Cuando uno ve exactamente lo que creía que iba a ver antes de entrar en la sala de cine, no sé si es bueno, malo o regular. Dado el estado de las cosas (de las películas, vamos), supongo que es bueno, has visto algo entretenido, no sientes que te hayan robado tiempo ni dinero, y la experiencia ha cumplido con lo que prometía. Sin embargo, con un poquito más de riesgo, Menudas Piezas podría haberse convertido en algo más que el Mentes Peligrosas con costumbrismo español que es para ser una radiografía más certera de los jóvenes desfavorecidos de hoy (había mucha más miga en sus tramas y personajes) o un relato verdaderamente emocionante y que dejara cierto poso en el espectador. No lo es, es una pena, pero lo que es tampoco es desdeñable, así que vamos a hablar un poco de ella:
Tanto sus guionistas como su director se han fogueado en varias series de Globomedia y se nota, la película es un producto resultón, seguro y un puntito edulcorado, casi hasta llegar al punto de «peli de señoras», algo que no es necesariamente negativo (las de mi sala rieron a mandíbula batiente en ciertos momentos que… bueno, no sé, para esbozar una sonrisa sin más, aunque esto de qué es gracioso es casi tan debatible cómo lo de los límites del humor). La historia de la profe pija que vuelve al barrio pobre a meter en vereda a un grupo de alumnos «díscolos» funciona, los chavales resultan frescos e interesantes (con sus highs and lows en lo que a actores/desempeño se refiere, algunos más de diseño, otros más creíbles), y la relación de esa crack llamada Alexandra Jiménez (que te lo saca TODO adelante) con su hermana María Adánez y el padre de ambas me ha resultado lo más emotivo-creíble-honesto de todo. No me importaría, en absoluto, volver a a ver a estas hermanas en pantalla (la historia, basada en un bonito caso real, se cierra pero deja las puertas abiertas a una posible secuela).

Lo dicho, yendo un poquito más allá en ciertas situaciones y personajes se podría haber conseguido una película que verdaderamente dijera algo sobre la educación en España, la diferencia de clases, el peso de las relaciones padres-hijos en nuestro destino, etc. Entiendo que los responsables se han alejado voluntariamente de esto para perseguir una comedia con dos o tres momentos «de verdad» que contenten al máximo de la población. Objetivo conseguido. Una pena, insisto, no haberle metido mano a fondo a esa historia y esos personajes que pedían a gritos una exploración más profunda. Por cierto, estupendos José Manuel Poga (padre de Diego, uno de los chavales) y Alain Hernández (ex del personaje de Alexandra Jiménez).

Deja un comentario