Maxton Hall: Recap 1×06 A piece of happiness

¡Hasta luego, OC! ¡Un abrazo, Glee! ¡Qué buenos momentos pasamos, One Tree Hill! ¡Apartaos porque os quiere adelantar por la derecha, y os está adelantando, Maxton Hall! Vaya pedazo de serie, teenager o no teenager. Este último episodio (season finale, que no series finale, NECESITO MÁS DE ESTO) confirma todo lo bueno ya apuntado en el 1×01, el 1×02, el 1×03, el 1×04 y el 1×05: unas interpretaciones de escándalo por parte de su pareja protagonista (una química entre ambos «over the charts» de esas), unas tramas con chicha y cierta hondura (la serie empieza un poco tópica pero al partir del segundo episodio empieza a soltarse el pelo), unas localizaciones preciosas (Oxford es despampanante) y una selección musical acertadísima y hasta elegante, upbeat pero no obvia (y muy bien integrada en el discurrir de los acciones, por cierto). ¡Vamos con la recap!


Ruby & James, una de mis parejas teen favoritas ever desde ya, intentan evitarse continuamente en esta especie de bootcamp que tienen en Oxford pero, como dijo Antonio Resines en Los Serrano o en mi imaginación cuando estaba intentando prohibir la relación de Marcos y Eva, NO SE LE PUEDEN PONER PUERTAS AL MAR. Y Ruby & James se arrejuntan y se desfogan y aquello es como una mezcla de Dawson Crece y Élite que madre del amor hermoso, sensible y ardiente, qué bien, ¿no? La noche de pasión de los chicos es perfecta porque, no solo viene precedida por las explicaciones que Ruby le pide a James («no eres quién para decidir lo que puedo o no puedo soportar»), sino que además es rematada con un paseo de los chicos por Oxford con Ruby ayudando a James a «descubrirse a sí mismo». A mí me ha parecido super tierno, factible y otro de esos toques «naturalistas» o de estar pegada a la realidad de la serie.

Move over, Seth & Summer! Ruby & James are coming!


El final del episodio es de IMPACTO TV, no haré spoilers, pero diré que deja las cosas muuuuy interesantes de cara a la segunda temporada. Terminaré diciendo esto: hacía tiempo que no veía una serie adolescente tan bien hecha, que se preocupe (realmente) por la vida de sus personajes, y que aspire a algo más que a epatar al personal. Maxton Hall, envuelta en ese envoltorio pijo de lujo y oropel, esconde en su interior una historia humilde, bonita y sincera. Absolutamente recomendada.

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