The Surfer: Nicolas Cage y Julian McMahon enfrentados en Australia

Ya se puede ver en MGM+ a través de Prime Video The Surfer, una de las últimas películas de Nicolas Cage y Julian McMahon. Esta cinta, dirigida por Lorcan Finnegan (Vivarium), fue uno de los últimos proyectos del actor Julian McMahon antes de su fallecimiento a causa de un cáncer.

Como fan reconocida de Julian McMahon, no podía esperar más para ver esta película, por la que el propio McMahon recibió un premio póstumo por su trabajo en los premios de la Academia Australiana. Y es que, aunque a McMahon lo conocemos por series estadounidenses como Embrujadas o Nip/Tuck, nació y se crio en Australia.

Su padre, Sir William McMahon, fue primer ministro de Australia, y Julian se hizo famoso gracias a su participación en series como Home and Away, donde coincidió con Dannii Minogue —sí, la hermana de Kylie Minogue—. Ambos estuvieron casados entre 1994 y 1995. Julian aparece incluso en algún videoclip de Dannii, que, al igual que su hermana, también se dedicó a la música.

Para Julian, protagonizar The Surfer fue una experiencia muy positiva, no solo por trabajar con un actor como Nicolas Cage, sino porque le daba la oportunidad de hacerlo en su tierra natal. Y es que The Surfer tiene mucho que ver con la identidad que construimos en un lugar, nuestra pertenencia al sitio en el que nacimos y también con la crítica hacia quienes quieren apropiarse de tierras que no les pertenecen.

Aunque en The Surfer no tenemos claro en muchos momentos quién es el villano, o si verdaderamente esta es una historia en la que tenga que existir uno, la película nos traslada a una playa australiana donde dos hombres se enfrentan por decidir quién tiene derecho a surfear esas olas.

Aunque la película no explora demasiado la problemática del turismo masivo y presenta a los locales como un grupo violento que forma una especie de cultura sectaria, con todo lo ocurrido y las consecuencias que ha traído el turismo masivo, es inevitable reflexionar sobre ello mientras la vemos.

Nicolas Cage vuelve a sorprendernos con un personaje extremo, que va perdiendo la cordura a medida que se encuentra con más impedimentos para comprar la casa de sus sueños: el hogar familiar del que se marchó tras la muerte de su padre. Los traumas del pasado y del presente van apoderándose de él, mientras se convierte en el punto de mira de los locales y el calor extremo empieza a volverlo loco.

Una película estresante, algo que ya vivimos con su director en Vivarium.

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