Los batidos en la ficción americana: de Friends a Riverdale, el milkshake como (falso) símbolo de inocencia y libertad

Empecé a ver Gunpowder Milkshake (Navot Papushado, 2021) y no pasé de una de las secuencias iniciales, esa en la que Lena Headey y Karen Gillan comparten un batido en el típico diner americano; me quedé absorto pensando en la famosa foto promocional de Friends en la que todos los actores comparten batidos, y en la presencia tan notable de esta deliciosa bebida en Riverdale; y, cómo no, me acordé del que se piden John y Uma en Pulp Fiction… ¡el batido lleva tanto tiempo entre nosotros como la cultura pop norteamericana! Y es que el milkshake del cine y la tele ES en sí mismo cultura pop, pero ¿qué aporta un batido a una ficción más allá de una distracción dulce para sus protagonistas? ¿Por qué se antoja tan fundamental en una serie adolescente como las taquillas del pasillo o la mascota del equipo de fútbol?; y, lo más importante de todo, ¿es pecado tomarse uno sin pajita? La respuesta a la última es SÍ e IRÁS AL INFIERNO SI LO HACES. Para las demás preguntas, sigue leyendo:


Al batido, y no hablo de los “Batidos Puleva” que vienen en una botella de plástico sino al que va servido en vaso de cristal y suele elaborarse batiendo helado con leche y algún sirope de sabores (hace años juraba por el de chocolate blanco del VIPS, ahora no sé qué tal estará), le tengo un cariño tremendo porque ha salido en muchas series adolescentes americanas, donde actúa como símbolo de la inocencia, el romance y quedar con la pandilla, todas ellas cosas que me eran ajenas cuando era un adolescente. Bueno, quizá lo de la inocencia no, pero lo del romance solo lo vivía en mi cabeza y lo de la pandilla… siempre he sido más de tener amigos sueltos aquí y allá; digamos que por ciertas circunstancias personales (ansiedad social, tampoco me las voy a dar de misterioso) las multitudes siempre me han generado cierto nerviosismo, con lo que el batido representaba, al igual que mis queridas series adolescentes, todo lo que quería tener y no podía. Ahora veremos ejemplos de cómo el batido ha actuado en infinidad de series teen como un “gestor de romances” (miras fijamente a quien te gusta mientras sorbes por la pajita -¡resuelto el problema de no saber qué decirle!-), pero antes de eso, ¿cómo nació el milkshake?


Si bien en 1881 ya se hablaba de “shakes” con brandy o ginebra -sin la “milk” que redefiniría la bebida-, en Eater indican que el batido nació en 1885 como un “tónico alcohólico para la salud” a base de huevos, leche y whisky. Fue Ivar “Pop” Coulson, un trabajador de Chicago de la cadena de farmacias Walgreens quien, en la “zona de grifos para mezclar medicamentos y bromuros” que había entonces en las farmacias, creó en 1922 el batido que todos conocemos al prescindir del whisky y los huevos y añadir helado de vainilla y leche en polvo malteada (con cebada malteada, que aporta un gusto tostado) de chocolate. Aunque Ivar fue el genio que dio con la receta ganadora, fue William Horlick en 1987 quien creó ese ingrediente clave que es la leche en polvo malteada, inicialmente para mejorar la digestión, pero el pueblo prefirió usarla PARA LO DULCE, ¡sabio siempre el pueblo!


Pese a las críticas de algún que otro iluminado (un médico declaró con pesar en el diario Wichita Democrat que “el diablo nunca inventó un motor más poderoso para arruinar el estómago de un hombre que el mortífero batido (…) no me sorprendería, si esas bebidas frías a base de leche siguen gozando de popularidad, ver cómo hombres y mujeres caen muertos cada día en nuestras calles este verano”), el batido se propagó por todo EEUU gracias a tres factores: 1) El nacimiento de sitios de comida rápida y soda shops (con sus “soda fountains”, como los tiradores de cerveza de nuestros bares para bebidas carbonatadas de sabores -incomprensible que el Tom Hanks de Big no se pusiera esto en su casa-); 2) la introducción en los hogares americanos de la batidora eléctrica; y, 3) la proliferación en los 50 y 60 de los drive-ins, donde los adolescentes americanos (vistiendo sus obligatorias beisboleras) se pedían su hamburguesa con patatas y batido a modo de pack indivisible antes de escuchar sus hitazos de rock and roll, con lo que el batido se metía sin querer queriendo en ese mix de juventud, ensoñación y sentido de libertad americana… que, en realidad, no era tal.

Y es que, como indica Suzy Swartz en The Atlantic, las burgers, las patatas y los batidos parecen inofensivos ítems de la “cocina americana”, pero esconden un reverso tenebroso: son símbolos de dominación y perdurabilidad del status quo disfrazados de abundancia e inocencia, ¡a precios populares, además, que entre eso, la sal y el azúcar no veas cómo entra! Unos años antes de que nuestro amigo Ivar “Pop” Coulson creara el batido, las cosas estaban de lo más agitadas por Estados Unidos (en el propio Chicago de Coulson se dieron varios disturbios raciales): las heladerías eran sitios de fuerte segregación racial y el batido nació como reivindicación de la blancura y conservadurismos norteamericanos. ¿Está rico, eh? Pues es solo nuestro. ¿Recordáis cuando en Comportamiento Perturbado los chicos de la “élite blanca” se toman unos milkshakes en su mesa del comedor y allí no puede acercarse ni Dios porque estos son los que mandan en el instituto? Pues eso.


Cuando era imposible de imaginar algo más inocente que un batido de fresa (¡rosa como el pelaje de un pony, dulce como una nube!), resulta que estas bebidas son lobos con piel de cordero. Veamos el caso de Pulp Fiction: Uma Thurman se pide un batido y lo consume con verdadera fruición pese a su escandaloso precio (siempre me ha hecho gracia cómo Travolta pone el grito en el cielo al enterarse de que cuesta 5 dólares). ¿Sabéis qué más se consume en esta película con absoluto descontrol? Exacto, drogas. El batido no es inofensivo ni infantil, es otra sustancia con la que los blancos norteamericanos propagan su estilo de vida tan excesivo como profundamente conservador, con la innegociable supremacía de una raza sobre las demás (¿había algún afroamericano en el Jack Rabbits Slim?).


El batido ha sido representado en la ficción (mayormente norteamericana) siempre así, como una cosita cuqui e inofensiva que compartir con la pareja o los amigos, ocultando cualquier intención aviesa en su (deliciosa) mezcla o (sugerente) presentación. Centrémonos en primer lugar en las producciones adolescentes: en Riverdale lo tomaban como caramelos, y su presencia en infinidad de material promocional de la serie me hace pensar si “Batido” no era un miembro más de la pandilla junto con Archie, Betty, Verónica y Jughead (debajo tenéis el famoso vídeo en el que se toman un buen shake con Jimmy Fallon). El hecho de que la serie se base en los cómics de Archie de los 40 y 50 le da al tema una doble capa de lectura puesto que ese “preservemos el espíritu americano blanco y puro de aquella década” puede sobreentenderse en sus secuencias en el diner de ambientación 50’s de la serie, el Pop’s Chock’lit Shoppe.


Otro momento memorable de Riverdale que tiene que ver con los batidos es su recreación del tema Milkshake de Kelis, que se puso muy de moda en su momento al decir en su letra que “su batido atrae a todos los chicos”, obviamente usando la bebida de marras como sinónimo de lo que hace especial y única a la chica de la canción. Debajo la letra en español y la versión que se marcaron las Josie y las Pussycats de la serie de la CW (que no las originales Josie y las Pussycats del cine, ojo).


La canción de Kelis, por supuesto, se puede escuchar en Chicas malas, cuando Regina llega a su casa, la tenéis debajo:


El batido ha aparecido en Stranger Things, en American Graffiti de George Lucas, por supuesto en Grease, el final de la estupenda Election tiene que ver con un batido arrojado, otro que tal baila es el de No puedes comprar mi amor, tenemos también batidos entre toda la cantidad de comida que se metían entre pecho y espalda en Gilmore Girls, está igualmente presente en Euphoria (le encantan a Maddy Pérez):


Circulan mil recetas de batidos inspiradas en personajes y tramas de El verano en que me enamoré aunque no doy con escenas concretas, en nuestra querida Sensación de Vivir no he dado con un momento específico, pero hicieron un batido especial en el Peach Pit pop-up que apareció en Los Ángeles hace unos años, recuerdo que en Roswell la carta del CrashDown Café estaba llena de batidos:

Y en la tercera temporada del reboot de la serie (¡con personajes latinos en Nuevo México, quién nos lo iba a decir!) hay un road trip de los nuevos Liz y Max con un avituallamiento previo a base de batidos:


En Felicity, si bien no recuerdo a ningún personaje dando buena cuenta de uno (aunque a Sean le pega todo, o al menos inventarse uno loco), hay una anécdota relacionada con Keri Russell y es que siempre decía “Oh, I forgot to order the strawberry milkshake” cuando se equivocaba u olvidaba algo en el rodaje o una entrevista (es una frase que se le quedó grabada de tantas veces que tuvo que repetirla en sus tiempos en el Mickey Mouse Club). En The OC claro que se tomaron sus batidos en el Pier Diner, donde se juntaban a hablar de la vida y el amor (y a esconderse, Seth, de los jocks en los primeros episodios):


En la película Teen Wolf de 1985 (Michael J. Fox se convierte en hombre-lobo y eso, de algún modo, le convierte en un extraordinario jugador de baloncesto, como bien observa Seth Cohen en la tercera temporada de la mencionada The OC) no hay una conexión directa con los batidos… en la pantalla, pero sí fuera de ella: al ser necesarias al menos 4 horas para aplicarle al actor el maquillaje y vestuario necesario para convertirlo en hombre-lobo, tanto él como su doble (Jeff Glouser) optaron por comer con todos los prosthetics puestos y, como no podían masticar, se alimentaron exclusivamente de sopas y batidos.


En Smallville, aparte de imágenes creadas con la IA con unos Clark y Lana de los años 50 en el típico diner americano (ver collage de portada de este artículo), los batidos “veganos” que se toma Amy Adams para no comerse a la peña, o la cinta de 2012 de Kristin Kreuk que llevaba por título Space Milkshake, no tenemos ninguna conexión con los batidos; en el Talon eran más de cafés.


En Glee lo que trabajaban eran los slushies (suerte de granizados de cualquier sabor que podáis imaginar), sobre todo para tirárselos los unos a los otros a la cara, pero digo yo que algún batido caería por allí, ¿no? Lo curioso de Glee es que este acto de arrojarlo contra un “rival” replicó lo ocurrido en el Reino Unido en mayo de 2019 de cara a las elecciones al parlamento europeo, cuando se puso de moda tirarle batidos a los políticos de derechas en un movimiento denominado “milkshaking”. No hagáis esto en España con VOX ni con Santiago Abascal, por favor, ese podría enfadarle o mancharle su cara, su corbata y su traje, y no queremos que eso pase, así que no le tiréis un batido encima a la mínima que le veáis por la calle, por favor, bajo ningún concepto.

Y en Dawson Crece, ¿qué? Bueno, pues a partir del 9:38 del 2×10 (High Risk Behavior), tenéis al bueno de Jackers tirando un batido (o una Leche Pascual con chocolate, yo qué sé) encima de un dibujo de Joey… que era en la época en la que quería “explorarse a sí misma” y pintar bodegones y señores desnudos y, claro, la patosidad de Jack no le hizo ninguna gracia. Gracias, Aksel, por ir subiendo los episodios íntegros a YouTube con el doblaje español, te invitaría a un batido si te conociera.


Respecto a la presencia de los batidos en el cine y series no adolescentes, pues están en todas partes y en todas la épocas: la mencionada Pulp Fiction, Ghost World, Eva al desnudo, El gigante de Hierro, el discurso final de Daniel Day-Lewis en Pozos de ambición (se usa el batido como metáfora del capitalismo y robarle algo a alguien “bebiendo con una pajita gigante” de su vaso, no se ve un batido físicamente), Manhattan, Trainspotting, Regreso al futuro (George McFly se pide uno de chocolate para armarse de valor y decirle a Lorraine que es su “minino”… perdón, su “destino”), Amor ciego, Buena hamburguesa, Lolita, Las grandes vacaciones de Pee-wee (el propio Pee-wee prepara uno), el batido tiene una importancia capital en el documental The Thin Blue Line de Errol Morris, Kevin Smith produjo American Milkshake a través de su “Kevin Smith Movie Club”, un batido antropomórfico (o sea, con cara y ojos, llamado Master Shake) es uno de los personajes de la serie de animación Aqua Teen Hunger Force, o, por supuestísimo las promociones tan conocidas de Friends con todos bebiendo batidos (¡la sitcom de nuestra vida + batidos = zona de confort al cubo!).


Los batidos siempre han funcionado mejor en las pantallas de nuestras ficciones favoritas, donde los personajes ligan, discuten o se reencuentran con una de estas bebidas como hilo invisible que los une, como ítem indiscutible de eso que se ha venido en llamar “Americana”, o sea, objetos, tradiciones culturales y elementos que son profundamente característicos de Estados Unidos y su historia; a menudo evoca una sensación de nostalgia por una visión idealizada y tradicional de la vida estadounidense, como las cafeterías, el arte popular o los coches clásicos. En la vida real, en la mía, por ejemplo, me puedo tomar uno en un Fosters Hollywood o un Friday’s, pero mis conversaciones no evocan nada más que “este chico es tonto”, nada de tradiciones culturales o vidas idealizadas; además, la cereza nunca está tan rica como intuyo que está en la última serie adolescente a la que me haya enganchado.

En 2010 y años posteriores, gracias al Black Tap de Nueva York, otros locales “hípsters” y los inefables influencers, los batidos de fuera de la pantalla se han convertido en cosas ridículas (“freakshakes”), torres gigantes coronadas con donuts o chocolatinas cuyo propósito es más salir en Instagram que ingerirlo (¡y no me hagáis hablar de esas hamburguesas con panteras rosas encima del pan!). Yo creo que habría que recuperar la simplicidad de un producto que, si lo complicas, pierdes el público al que va dirigido (Randy dixit). Para una historia extraordinariamente detallada de los batidos, os recomiendo este artículo y este otro de The Guardian en el que detallan cómo Ray Kroc les birló los McDonald’s a los hermanos fundadores con la treta de “las máquinas de batidos” (¿esto salía en la peli?). Un recorrido peliculero por los batidos lo tenéis en este estupendo vídeo:


Personalmente, además de aquel del VIPS que decía al principio del artículo, le pegaba bastante al batido de McDonald’s, aquel que estaba tan thick que le costaba pasar por la pajita, pero hace ya tantos años de aquello que es probable que lo hayan “descontinuado”, que dicen los yanquis cuando retiran un producto del mercado. El último que he probado en uno de estos sitios es en el Five Guys y me pareció terriblemente delicioso, terrible para el cuerpo humano, delicioso para el paladar, ¡pienso pedirme otro en cuanto se me ponga a tiro! Porque, pese a una juventud insatisfactoria o una personalidad actual menos evocadora de lo deseable, los sueños de la ficción americana me hacen creer que una vida mejor está justo ahí, a un sorbito de una deliciosa crema helada batida (prefiero olvidar lo de la dominación racial, eso lo meto en la batidora y lo absorbo machacado con vainilla como si tal cosa).

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Blog de WordPress.com.

Subir ↑