Cuál fue mi sorpresa cuando, en el minuto 37:33 de un episodio de Carne Cruda, escuché estas declaraciones de la psicóloga Nuria Calzada sobre la lucha contra la droga en EEUU: “El gobierno hizo un pacto secreto con siete grandes productoras (…) Entre ellas hablamos, lo digo, la serie Sensación de Vivir, que en nuestra época la hemos visto todos… esta fue una de las series que entró en este pacto secreto (…) Estas grandes productoras recibían dinero a caudales para modificar los guiones, o sea, los guiones tenían que enviarlos a la Casa Blanca, ellos modificaban y ponían todos los problemas”. Se me salió el café por la nariz, ¡¿pacto secreto?! ¿Sensa en el ajo? ¿La Casa Blanca modificando guiones? WHAT. THE. FUCK.

No sé Pili, pero yo de esto no tenía ni idea, y mira que estuve meses con mi parte de la Guía de Sensación de Vivir para el teenager de hoy (donde tenéis excelentes textos de Pili Halliwell sobre los tropos de las series adolescentes y la moda de Sensa/Noventera, y de Jimina Sabadú y de Roberto Pérez Toledo (DEP) y de Carlos Gacía Miranda). A lo que iba, que tras limpiar el café que se había desparramado por toda la mesa, me puse a investigar lo de “Sensación de Vivir colaboró con el gobierno federal para meter mensajes anti-drogas en los capítulos”, es fuerte la cosa, ¿eh? La historia la reveló inicialmente Salon y de ella fueron tirando otros medios, como Gabe Levine-Drizin en Columnblog, quien detallaba cómo la Oficina Nacional de la Política de Control de Drogas (ONDCP – Office of National Drug Control Policy) de EEUU se ofreció a subvencionar series de la tele si las cadenas metían propaganda contra las drogas en ellas.

Era la iniciativa más bestia de su famosa “Guerra contra las drogas”. Muy resumidamente, la “War on Drugs”, iniciada por Nixon (70) y continuada por Reagan (80), se potenció en los 90 con Bush/Clinton y la introducción de dos medidas: la estigmatización de los consumidores y la imposición de penas más fuertes (para atemorizar, no rehabilitar, persiguiendo el crack de los barrios pobres/afroamericanos mientras hacían la vista gorda con la droga de los ricos, la cocaína). Tiene su lógica (quizá perversa) que el Gobierno USA pusiera especial atención en las series adolescentes, ya que en ellas las tramas sobre drogas son habituales; los personajes recurren a ellas como pura experimentación o para soportar todo ese “infierno emocional” -Pacey dixit- propio de una edad tan convulsa (aquí una pasada rápida por algunas de ellas), pero podríamos decir que hay dos formas generalizadas de enfocarlas:

Haciéndolas “glamurosas” o “convenientes si quieres rebelarte” a lo Gossip Girl/Skins/Riverdale, o haciéndolas “brutales” y atendiendo a sus devastadoras consecuencias (adicción, fracaso académico, riesgo para la salud) a lo Euphoria. A mediados-finales de los 90, el buque insignia en cuanto a series adolescentes se refiere era Sensación de Vivir, donde nunca le hicieron ascos al tema de las adicciones, ahí están Dylan o la madre de Kelly con el alcohol. Veamos un ejemplo de las drogas:
Antes de centrarnos en Sensa, un poco de contexto: con la campaña contra las drogas del gobierno yanqui en sus máximos de agresividad, se hizo muy famoso un anuncio de televisión con un huevo friéndose en una sartén acompañado del lema “Este es tu cerebro cuando consumes drogas”. Más tarde, sería la popular actriz, queen of the late 90s Rachael Leigh Cook Jr. (she of She’s All That and Dawson’s Creek fame), quien protagonizaría una “actualización” de dicho anuncio, tenéis ambos debajo:
Y, ya que estamos, que sepáis que la propia actriz rodó hace unos años un remake del famoso huevo y la sartén, ahora aplicado a las injusticias legales:
Retomemos Sensa. Lo de “este es tu cerebro cuando consumes drogas” tiene relación directa con el episodio 2×15, emisión 14 noviembre 1991, titulado U4EA (o sea, Euphoria, ¡como la serie!), que es como una versión de 45 minutos del anuncio del huevo. Los chicos quieren ir a una rave secreta y, para averiguar dónde es, deben presentarse en una tienda de alimentación con un huevo e intercambiarlo por el mapa que les guiará hasta la fiesta:
En la rave en cuestión, Emily Valentine (que por aquel entonces era la chica de Brandon -si seguís nuestro Rewatch Podcast de Sensa sabréis que Brandon cambia de novia cada semana-) empieza a desbarrar y LE ECHA DROJA EN EL COLACAO a Brandon o, para ser más exactos, le vierte una droga sintética, U4EA, que vendría a ser el Éxtasis o MDMA que crearon específicamente para esa trama. A Brandon se le va la pinza, huye de una redada policial, su coche queda destrozado… en fin, desastrosas consecuencias para tu vida si tomas drogas, ¡fíjate lo que le ha pasado al responsable de Brandon por probarlas un día!
Lo más curioso viene al final del episodio cuando Andrea Zuckerman, que es una verdadera monada (😍), habla con Brandon en el Peach Pit y se marcan una parodia del anuncio del huevo frito echando uno a la plancha de la cocina, no sin antes decir la famosa frase de “Este es tu cerebro…”, que Brandon remata con un “… tras una noche de fiesta con Emily Valentine”, demonizando al personaje de una forma que ríete tú de los demonios de Embrujadas. Supongo que este mensaje de “sin una villana que malmeta a Brandon, él jamás de los jamases hubiese caído en el lado oscuro” calaría en buena parte de la audiencia. Y, recordemos, esto aún son tramas orgánicas de la serie: si ya era conservadora sin el dinero de Papá Estado, ¡imagínate luego!
Así pues, ¿cuándo empieza el gobierno de Estados Unidos a decidir tramas de series y por qué aceptan esto las cadenas? El acuerdo de la “Oficina Anti-drogas” (como vuelva a escribir “Oficina Nacional de la Política de Control de Drogas” a quien se le va a freír el cerebro es a mí) con los canales de televisión se remonta a 1997, cuando el Congreso norteamericano aprobó una medida para inundar de publicidad ANTI-DRUGS las televisiones de sus ciudadanos por valor de mil millones de dólares, unos 870 millones de euros. ¡Eso da para muchos anuncios y tramas; para una serie entera, incluso! El acuerdo especificaba que por cada anuncio pagado por el gobierno, las cadenas pondrían otro pagado por ellas mismas. ¿Sabéis qué ocurrió pasado un tiempo? Dependiendo a quien le preguntes, unos dicen que las cadenas se cansaron de “regalar” anuncios y renegociaron con el Gobierno, mientras que otros afirman que la Casa Blanca les ofreció una salida a las cadenas: vale, te ahorras el anuncio gratis y puedes revender ese espacio publicitario a quien quieras, pero a cambio me incluyes un mensaje anti-droga en alguna trama de las series, ¿cómo lo ves?

… Pues las cadenas no lo vieron mal, oye. En la primavera de 1998, el mejor año ever hasta que se demuestre lo contrario, las cadenas comenzaron a enviar guiones y cintas de vídeo a los señores de la Oficina Anti-drogas para que estos decidieran con cuánto dinero iban a respaldar cada episodio en base a su duración, contenido e impacto en audiencia (¿¿soy yo o aquí hay una serie que flipas??). Los Anti-drogas, además, sugerían añadir o recortar elementos de aquellas tramas que consideraran “mejorables”, que las cadenas debían aceptar si querían aceptar el sweet sweet money del Gobierno. El problema (bueno, uno de tantos en esta conspiración a nivel nacional que ya la podría haber descubierto Mulder) es que cuando las tramas de una serie no nacen de forma natural, sino que son impuestas por razones externas, suelen cantar mucho. Todas las tramas con tufo gubernamental seguían el mismo esquema: los que se drogan están chalados y merecen ser castigados, deberán someterse a la abstinencia, y luego ya veremos si los perdonamos. Drogas NO, y comprensión para con los drogadictos, MENOS.

Entonces, qué, ¿les salió bien a los mandamases de EEUU lo de escribir sus propias tramas de series para que los chavales dejaran de drogarse? Pues quitando un ligero descenso en la intención de consumir marihuana, parece que no (Effects of the National Youth Anti-Drug Media Campaign on Youths – PMC – no me lo he leído entero Hulio). Aunque la administración Clinton lo vendió como un éxito, por supuesto, afirmando haber reducido en un 13% el consumo de drogas de la juventud. Pero volvamos urgentemente al origen de este post, las declaraciones de la psicóloga Natalia Calzada, y veamos cómo se llevó a cabo la trama anti-drogas en Sensación de Vivir pagada por el Gobierno.
Episodios 21 y 23 de la 8ª temporada, The Girl Who Cried Wolf y Making Amends -en este aparece Jessica Alba, que años más tarde dijo que no podía mirar a los protas a la cara, y que sufrió un sorprendente secuestro del que no supimos nada en su momento-, con Donna a tope de power cayendo fuerte en los estupefacientes (antes fue el turno de David, Valerie, Kelly…). En los clips que podéis ver debajo, los agentes federales invirtieron (según la web Salon) entre 500.000 y 750.000 dólares.
Kelly, como decíamos, también atravesó su etapa de adicción a las drogas, allá por la 6ª temporada (Recaps of Beverly Hills 90210 – Television of Yore), aunque en este caso sin las zarpas del gobierno en las tramas o diálogos (¿está bien evangelizar con Donna pero no con Kelly? ¿Todavía no revisaban los guiones? ¿Cuál era exactamente el criterio que regía las actuaciones de la rama Anti-drogas?):
Por cierto, que bicheando un poco por ahí, parece que la gente está dando volteretas con la interpretación de Jennie Garth como una adicta a la cocaína (de hecho, su personaje es referido como “Cocaine Kelly” en este arco de episodios), afirmando que nunca ha estado mejor en la serie, no sabría deciros si lo dicen de forma irónica o no. Es probable que la ironía haya sido tan zarandeada en nuestros tiempos que, directamente, el concepto haya dejado de existir… lo que le vendría de perlas a nuestra querida Alanis Morissette, cuyo empleo de la palabra “ironía” en su famosa canción es, cuando menos, cuestionable.
Sensación de Vivir no fue la única serie teen que probó las “dulces mieles del dinero anti-droga”, también lo hizo Siete en el paraíso (vale, familiar con tramas teen), que recibió 200.000 dólares por el episodio 3×18, No Sex, Some Drugs, and a Little Rock and Roll. Otros shows subvencionados fueron El abogado, Chicago Hope, Un chapuzas en casa, Sports Night, Hospital General, The Cosby Show, o Tocados por un ángel (esta se presta más, ¿no?). Hasta la mismísima Urgencias pasó por caja: casi un millón y medio de dólares se llevó por publicitar que la droga es mala en varios episodios, como el 5×05, Masquerade, en el que dos estudiantes de medicina casi se van p’al otro barrio por pasarse con el éxtasis:
Intento procesar cómo se tomaría el fandom de The Pitt que un episodio incluyera un mensaje anti-drogas pagado por el Gobierno, ¿sería the end of the world as we know it del que nos advertía R.E.M.? Probablemente. Nuestra querida (y extinta) The WB, la mejor cadena de televisión que jamás ha existido, también lidió con tramas de drogas en dos series como Smart Guy y The Wayans Bros. (ojito a los Wayans), pero representantes de la misma dijeron que lo único que recibieron de la Oficina Anti-droga fueron consejos para que las tramas fueran más realistas. Ajá. Muy creíble, sobre todo porque tiempo más tarde, Rick Mater, el vicepresidente de la cadena en cuestiones de ética y comportamiento, confirmó que la Casa Blanca revisaba y daba su aprobación a los guiones. Tracatrá.

Por cierto, que hubo una serie de la WB, juvenil y con bastante attitude, que se salvó de la quema y no participó en la propaganda del gobierno contras las drogas, ¿adivináis cuál?… Buffy Cazavampiros, la slayer que slayed al propio gobierno americano: se dice que la Oficina Anti-drogas rechazó siquiera intentar corregir tramas o diálogos puesto que la serie era “inmune a la visión global de la Oficina Anti-drogas, las drogas eran un tema de la serie, pero no formaban parte de nuestra estrategia, era todo un sinsentido de otros mundos, abstracto, no era en plan chicos del mundo real consumiendo drogas, los espectadores no hubieran conectado con nuestro mensaje”. Jajajajajajajaja. ¡Grande, Buffy! Nada como tener personalidad para no achantarse ante los bullies, un poco como la prota de la serie. Curiosamente, en Buffy Cazavampiros se estaban negando a entrar en ningún pacto chungo con el Gobierno sin ni siquiera saberlo, la propia naturaleza de la serie rechazaba anticuerpos tan sospechosos. Bravo. (En Academia hay un PDF que trata la muerte y las drogas en Buffy).

Edward Helmore, en The Guardian, intentó poner nombre a alguno de estos figuras de la Oficina Anti-drogas y nos habló de Barry McCaffrey, “el Zar de las Drogas, la estrella anti-drogas del gobierno de Clinton” y un veterano de la guerra de Vietnam, nada menos, quien revisaba personalmente varios de esos guiones y episodios que enviaban las cadenas. Un informe manejado por McCaffrey indicaba que de 168 episodios de televisión emitidos en prime time durante 3 meses en 1998, tan solo el 3% de episodios mostraba tramas sobre drogas ilegales (marihuana y una bebida donde habían echado la conocida como “date rape drug”, o droga para violación en una cita), mientras que un 19% lo hacía de tabaco y un 71% de alcohol. Pero, entonces… ¿querían reducir las tramas de drogas o hacer muchas tramas de drogas para soltar sus soflamas? Mi cabeza me da vueltas, menudo tripi.

A todo esto, a lo mejor te estás preguntando si aquel parraque que le da a Jessie Spano (our beloved Elizabeth Showgirl Berkley) en Salvados por la campana estuvo también influido de algún modo por el Gobierno. La respuesta es no. En este caso las presiones llegaron de la propia NBC, que indicaron a los guionistas que Jessie no podía estar enganchada a las anfetaminas porque era “demasiado fuerte para una serie juvenil de sábado por la mañana”, por lo que recogieron cable y la convirtieron en una adicta a las… pastillas de cafeína (si los de la NBC supieran el número de latas de Eneryeti que me tomo al día, a lo mejor me llevaban preso -por cierto, ¿habéis probado el de sabor “Gummy Bear”? Es directamente, beberse las gominolas de Coca-Cola que comíamos de pequeños, es una locura, five stars-).
El descubrimiento de Salon de que el gobierno americano dictaba tramas sobre drogas en series de prime time propició un editorial del New York Times que condenaba a las cadenas por cruzar líneas rojas y acercarse a la censura y la propaganda estatal (¿¿acercarse??). El propio Clinton tomó la palabra para defender que Steve Urkel se drogara en un episodio de Cosas de casa para que al final del mismo se revelara que en realidad era Stéfano y que había muerto por tonto y por drogarse… a ver, es un decir, ese episodio nunca existió, pero las declaraciones de Clinton sí: “No creo que haya ninguna intención de hacer de menos los contenidos o la independencia o la integridad de las cadenas y su programación, pero si están dispuestas a incluir un buen mensaje contra las drogas en sus series más vistas, especialmente entre los jóvenes más vulnerables, creo que es algo bueno”.

Bob Weiner, portavoz de la Oficina Anti-drogas entonó el pobrecito de mí: “Supongo que somos culpables de usar todos los recursos legales a nuestro alcance con tal de salvar a los niños de América” (guau). Negó, eso sí, que metieran mano (o tijeras) en las tramas de las series: “No interferimos en el proceso creativo. No les decimos a las cadenas que no pueden hacer algo, no les decimos lo que decir o no decir”. Además, desde la Casa Blanca se le quitó hierro al asunto diciendo que era una campaña pública y que únicamente se subvencionaron series durante año y medio, y que las cadenas tan “solo” se habían llevado 16 millones de dólares o, según Alan Levitt, un alto cargo de la Oficina Anti-drogas, 25 millones (no confundir estas cifras con los 800 millones de euros comentados inicialmente -ese era el desembolso total por acribillar los medios de publicidad, no de la maquiavélica técnica comecocos en las series de prime time-).

Antes de contaros el final de todo esto (que acaba, y yo creo que tiene un buen final), quiero deciros que sí, por supuesto que he buscado el modo de meter a Dawson Crece en la conversación, pero la serie no recibió pasta de los chicos de Anti-drogas para meter esto o quitar aquello. La verdad es que Dawson, pura, limpia y blanquita como el corazón de un oso amoroso, no trató con demasiado ahínco el tema de las drogas. Sí, claro, casos ha habido (Dawson, ejem, colaborando con la pasma y ocultando una grabadora), pero, en su huida de lo telenovelesco, ninguno de los protas se pasó 10-12 episodios enganchado a la coca. El caso más destacable puede ser cuando a Andie le da un chungo en la 4T que acaba precipitando su salida de la serie. Nunca nos cansaremos de pedir justicia para Andie.
Esta historia termina en el año 2000, cuando la Comisión Federal de Comunicaciones, en respuesta a una denuncia presentada por la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes sobre la Marihuana, consultó con las principales cadenas de televisión (CBS, NBC, ABC, Fox y The WB) sobre estas prácticas y dictaminó que las cadenas no identificaron como correspondía a la Oficina Anti-drogas, es decir, como una patrocinadora más de sus series de máxima audiencia. Porque, queridos amigos, si queréis saber una forma segura de llegar a vuestros shows favoritos, es esta: convertíos en anunciantes de algo. En breve estaréis en la mesa de madera de la terraza de Todos nuestros años siendo bebidos/comidos/exhibidos por sus protagonistas, con los que seguiremos soñando, entrelazados con los ribetes de una marca comercial que, seguramente, también habrá modelado nuestros (¿alterados por sustancias?) sueños…
Fuentes:
· Columnblog In the ‘90s the U.S. Government Paid TV Networks to Weave “Anti-Drug” Messaging Into Their Plot Lines. Here Are the Worst Examples.
· Salon Prime-time propaganda – Salon.com
· SFGate Networks Let White House Drug Office Check Scripts / If slant deemed right, broadcasters benefit
· Mother Jones The Altered States of America – Mother Jones
· Wikipedia Office of National Drug Control Policy – Wikipedia
· Carne CrudaDrogas: ¿Es posible un buen viaje? (CARNE CRUDA #1601) – Carne Cruda – PROGRAMAS – Podcast en iVoox

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