De Capeside a Avonlea: El mapa secreto de nuestras series de verano

Celebra el «sexy feeling by a Canadian Lake» con este repaso a nuestras queridas series teen veraniegas: El verano en que me enamoré, Todos nuestros años, Sterling Point, Éramos mentirosos… ¡y muchas más!


Ya llegan los ber-months (SeptemBER, OctoBER, NovemBER y DecemBER), si es que cuentas los años, como yo, en otoño, navidad y el resto del año; y este verano me ha dejado una cosa buena: horas y horas para ver series, y, siendo sinceras, para ver dramas teenagers veraniegos. A partir de junio empezaron como cada año las series y películas “fresquitas”, las plataformas se llenaron de paisajes con mucha playa, viajes en barco, chanclas, gorros de paja y sombrillas; y aquí estábamos nosotras, ¡listas para verlas todas!


Parece que hace dos años descubrimos el mundo con The summer I turned pretty (yo la llamo El verano en que me hice guapa), un drama teenager que tenía todos los ingredientes para que nuestro verano se trasladara al pequeño pueblo de Cousins: una casita blanca, con piscina, con vistas al mar, con un faro a lo lejos, un camino bucólico hacia la playa y fiestas nocturnas bien de hogueras y bien de Taylor Swift. No voy a hablar de Belly y sus movidas de cuando empezó a ponerse camisetas ajustadas, se quitó la coleta y cambió el bañador por el bikini, sólo voy a decir Team Conrad, no me oculto.


Pero cuando Belly acabó con sus dramas (¡deseando saber qué vino después!) yo me quedé, como cuando con quince años me despedía de mis amigos del pueblo el último día de agosto, te aferrabas a todo lo que habías vivido, pero aunque pensabas que el siguiente verano sería igual, probablemente no lo sería, vendrían otras cosas, pero aquellas ya no.


Y efectivamente vinieron otras cosas, después de Belly vino Mi vida con los chicos Walter, lo intenté, pero ya no era lo mismo. Desde junio guardando como un pequeño tesoro Todos nuestros años, para verla en verano, en vacaciones, con todo el tiempo del mundo. Y antes de poder darle al play llegó Sterling Point, la prioricé. Volvieron las casas molonas rodeadas de agua, volvieron los dramas teenagers, volvieron las emociones y volví a sentirme en el porche viendo atardecer en el lago. También acabó la locura veraniega de Annie en Muskoka, pero esta vez tenía más cositas a las que echarles el guante (¡gracias, Prime Vídeo!).


¡¡Soy carne de comfort media!! Películas Hallmark en Navidad, granjas de calabazas en otoño y lagos y cottages (acá “cabañas con encanto”) en verano. Dicen que la nostalgia es el lugar más seguro en el que perderse, y estoy totalmente de acuerdo. Me perdería una y otra vez en los veranos sin preocupaciones, estar asomada horas a la ventana a ver si bajaba el chico que me gustaba, que mi madre me dejara ir a la piscina, pasar dos meses en el pueblo sin hora para volver a casa. Ver esas series que te llevaban (casi siempre a Estados Unidos) a mundos en los que los adolescentes conducían, se tomaban cafés de especialidad, jugaban al volley en la playa, y reflexionaban sobre el futuro con un lenguaje que, sin darme cuenta, me estaba enseñando que todo eso acabaría.


Y quizá por todo eso, la nostalgia es un lugar maravilloso al que vuelvo cada vez que me pongo una serie que transcurre en un lugar idílico, donde no hay cobertura, no hay centros comerciales, hay una tienda que vende de todo, no hay mil restaurantes en los que reservar una mesa, hay un solo lugar donde se desayuna, se come y se cena, siempre tiene mesa disponible y cabemos todos. Vuelvo a aferrarme a los recuerdos y vuelvo a estar en calma. Da igual los años que tengamos, todos queremos estar en un lugar seguro, y en mi caso, también quiero crear lugares seguros para todas las personas, pero esa no es mi zona de confort, y aquí de lo que se trata es de cómo cada uno intenta refugiarse, durante los cuarenta y cinco minutos que dura un capítulo, de todo lo que hay fuera, la balsa que nos saca de la rutina (en mi balsa cabemos los dos).


El año pasado la gocé con Éramos mentirosos, este año me enamoré de (y con) Más que Rivales y su cabaña en el lago, pero ya había vivido todo esto, en 2022 mi verano se trasladó a The Lake con Justin y Maisy (adorada Julia Stiles), y si tiro más atrás me encuentro con Ana de las Tejas Verdes llegando a la isla del Príncipe Eduardo, pero… todo empieza y acaba en el mismo sitio, Capeside.


Dawson Crece, en 1998, nos llevó a un verano en un pueblo costero con casitas blancas, con barquitos, cuando no existían los móviles, cuando lo más emocionante era ir a casa de tu amigo en barca y ver películas de miedo toda la noche. Además no hacía calor ni frío, era el clima ideal para tirarte al mar a cualquier hora o para ponerte una chaquetilla por la noche para la fiesta en la hoguera. Y la mayor preocupación era elegir entre el rebelde y guapísimo Pacey o el siempre tan achuchable Dawson. Así pues, el cóctel: agua + adolescentes intensos + pueblo pequeño + drama + embarcadero + amor, nos lleva a que “nuestras series de verano” empezaron con Dawson Crece.


Como si del “juego de Kevin Bacon” se tratara, he investigado si todas esas series han compartido el agua cristalina y las barquitas en diferentes momentos de la vida, al igual que han compartido conmigo mis llegadas al pueblo como la chulita de ciudad, mis primeros besos veraniegos, el momento en el que me quité la coleta, las peleas con mi mejor amiga, las reconciliaciones, correr bajo la lluvia en la tormenta de verano… mi ardua tarea a lo Jessica Fletcher (soy una young adult no me escondo) ha dado tantos frutos y tantos grandes momentos que ha sido como si estuviera creando ese maravilloso crossover que ¡todos y todas querríamos ver!


Dawson es Wilmington, al igual que El verano que me hice guapa, a 120 km. nos encontramos Beechwood Island de Éramos mentirosos, tiramos 800 km. más y llegamos a los Lagos de Ontario, donde en aproximadamente un radio de 300 km. tenemos Trout Lake de The Lake, Barry’s Bay de Todos nuestros años y Muskoka de Sterling Point, ¡que es donde también estaba la cabaña de Más que rivales!… y aquí tenemos unos 1000 km. y cogiendo un barco acabamos el recorrido en la isla del Príncipe Eduardo, el Avonlea de Ana de las Tejas Verdes, que además es donde ha comenzado hace unos días el rodaje de This summer will be different y que, probablemente, veamos en la plataforma de la gran N el próximo verano… ¿SOY LA ÚNICA QUE ESTÁ FLIPANDO CON ESTO?


Como te decía, el verano tiene mucho tiempo libre, así que me he abierto Google maps y he puesto en un mapa un recorrido con cada parada, una cosa así como entretenida y loca, porque algunas son localizaciones, otras lugares donde se rodaron y otras donde se inspiraron, pero al final, son esos lugares que de una manera u otra están conectados. Y ha sido como si estuviera saludando a cada personaje en sus paradas, como pasar una noche en cada cabaña. He hecho una aparición en la próxima película de Dawson Leery. Le dije a Belly que cuidara a Taylor, que es lo mejor que tiene. Salté al agua gritando liars con Cadence. Hice una barbacoa en el cobertizo del lago con Justin. Abracé a Sam en Barry’s Bay y le dije que Pearcy se había pasado pero que había que superarlo. Me hice el skincare routine con Annie en Muskoka mientras veía de lejos a Shane Hollander y Ilya Rozanov salpicándose agua. Y, por supuesto, me tomé un té y un trozo de tarta con licor de frambuesas en Avonlea.


Y ese mapa un poco revuelto se lo pasé a la IA y le dije “échame una mano, prima, para que este mapa tenga sentido y la gente pueda empezar a buscar billetes de avión” (esto no es un prompt, no la vayas a liar). Volveremos a disfrutar de la nostalgia, las chanclas serán sustituidas por botas, las sombrillas por paraguas, los árboles que rodean el lago se teñirán de maravillosos naranjas, rojos y amarillos, el bikini será un jersey gigante y empezará la cozy season...


… veremos Tienes un e-mail para disfrutar de Nueva York en otoño, pondremos Las chicas Gilmore, la clásica Cuando Harry encontró a Sally (¡Meg Ryan es muy otoñal!) y mi guilty (cozy) pleasure favorito: Harvest Moon. Estoy deseando que caiga la primera hoja.

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