Los hijos de Cindy Crawford y Richard Gere en el nuevo Ryan Murphy: The Shards

Imaginad un Gossip Girl retro (la serie se ubica en los 80, la selección de canciones se encargará de que no lo olvides) mezclado con El talento de Mister Ripley (versión Matt Damon) y una pizquita de asesinos en serie, que al fin y al cabo es una serie de Ryan Murphy. Estamos hablando de The Shards, nuevo drama adolescente estrenado recientemente en Disney+, del que hemos visto sus tres primeros episodios y os contamos qué tal.


Basado en la novela homónima, y semiautobiográfica, de Bret Easton Ellis, que ha co-escrito los guiones junto a Murphy, la serie cuenta la historia de Bret, un adolescente que quiere ser novelista en su último año de high school, año que se complica bastante porque aparece por allí un tal «The Trawler», serial killer que se carga a la peña de formas bastante asquerosas que prefiero no detallar (no es una serie gore, pero tiene momentos escabrosos). A todo esto hay que añadirle las tramas que dan fondo a los personajes: su (in)definición sexual, la necesidad de ocultar secretos para progresar en la sociedad o su fuerte pertenencia a las poderosas élites cinematográficas de la época.


A pesar de que la fama a la serie se la están dando Kaia Gerber (una fotocopia de la madre casi al nivel hija de Reese Witherspoon) y Homer Gere, hija e hijo de Cindy Crawford y Richard Gere (una de las parejas de famosos más recordadas de los 90), a mí quien me ha llamado poderosamente la atención del reparto es Igby Rigney, el actor que hace de Bret Eason Ellis, una presencia tan intrigante, guapa y misteriosa como la propia serie. La pena para mí es que, entre tanto elemento interesante, la serie no me interesa un pimiento.

A ver, sí, es un entretenimiento veraniego pasable, pero yo tiendo a cosas más amables como El otro verano en el que me enamoré que se parece tanto al primer verano en el que me enamoré. Con esta The Shards me pasa como con casi todas las producciones de Ryan Murphy (AHS, The Beauty, Scream Queens, ¡incluso Glee!) es un bonito envoltorio con un chocolatillo dentro que me deja con hambre y que ni siquiera está tan bueno como para desear darme el capricho. Pero decidid vosotros, que yo me muevo en un buenismo dawsónico algo absolutista…

PD. Como dato de tirarse el rollo, sabed que una vez en la filmoteca británica (el BFI, a la orillas del río Támesis) fui a una charla de Bret Easton Ellis (no he leído ninguno de sus libros, pero el tipo me interesa… un poco a lo Mazagatos con García Márquez) y me encantó. Esto era cuando yo viajaba por el mundo como si fuera Willy Fog… ay, la vida…

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