Me ha sorprendido, aunque quizá no tanto, que Prácticamente Magia, tanto la original como la secuela, no ha gustado a los hombres. O eso parece leyendo que la mayoría de críticas negativas son de autoría masculina.

Para mí, Prácticamente magia lo tiene todo: unas protagonistas que quieres que formen parte de tu familia, una química increíble, secundarios de lujo y una historia divertida, mágica y, por momentos, terrorífica. Un poco como la vida. La primera película también hablaba de violencia doméstica, un tema especialmente cercano para su director, Griffin Dunne: su hermana Dominique fue asesinada por su expareja.
La película no fue un gran éxito en taquilla, pero con los años se convirtió en una joya de culto para los fans de las hermanas Owens y de todo lo relacionado con la magia. Llevamos obsesionados con su estética desde 1998, soñando con vestirnos como ellas y con tener, especialmente, la peluca de Nicole Kidman.
Y la magia continuó con series como Embrujadas, que llenaron un poco el hueco que dejaron las Owens cuando se despidieron saltando desde el tejado vestidas de brujas.
Sin embargo, hay un público, especialmente masculino y cishetero, que nunca entró en Prácticamente magia ni en el mundo de las mujeres Owens. Tacharon la película de mediocre y le dedicaron muchos otros calificativos que, sinceramente, no comparto.
Las Owens son magia, y no solo por sus poderes, sino por el amor que transmiten. Pocas películas consiguen que te enamores tanto de sus personajes. Esta lo hizo en 1998 y, para mí, la secuela vuelve a hacerlo.


Obviamente, a quienes no les gustó la primera película esta tampoco les ha cautivado. ¡Oh! ¡Sorpresa! Pero quienes crecimos soñando con vivir en la mansión Owens y tener una familia como la suya encontraremos mucho de lo que veníamos buscando. Quizá a la secuela le falte ese toque de terror más real que tenía la original al tratar temas como la violencia doméstica. Aquí todo se vuelve más mágico y fantasioso, pero a mí la apuesta me funciona. Nicole Kidman y Sandra Bullock hacen un trabajo fenomenal tomándose en serio todas las facetas de sus personajes: la cómica, la dramática y la mágica.
Me he emocionado en varios momentos. Y he de admitir que la trama de Kylie y su maldición me ha parecido, en realidad, una excusa para contar la verdadera historia: la unión de las mujeres Owens a través de todas sus generaciones. Alguna crítica se ha lamentado de la falta de intereses románticos para otros personajes, pero es que ningún fan de las hermanas Owens va al cine por sus parejas. Aunque hayamos salido enamorados de Lee Pace.


Por supuesto, el paso del tiempo también ha sido objeto de debate. Resulta que Nicole Kidman y Sandra Bullock ya no tienen la misma apariencia que hace 28 años. (¡¿Cómo puede ser eso?!) Y, como actrices de Hollywood, es posible que se hayan hecho algún retoque, lo cual es IMPERDONABLE. Curiosamente, nadie parecía tan preocupado por la cara de Tom Cruise durante toda la saga de Misión: Imposible, ni por la edad de sus parejas en pantalla. En Maverick tampoco escuché a los OMVRES protestar demasiado.


¿Te saca de la película cómo lucen Nicole Kidman o Sandra Bullock? A mí, para nada. Por eso no entiendo que su físico se convierta en parte de la crítica a la película, mientras las estrellas masculinas pueden envejecer como les plazca.
Así que, si eres fan de la original y las críticas negativas te están echando para atrás, no les hagas caso. Tus hermanas Owens te están esperando.



Sí, es una película de chicas, pero Los Mercenarios es una película, de y para chicos, y nadie se ofendió tanto.

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