Cómo Helen Slater se convirtió en la primera Supergirl

La historia de cómo Helen Slater fue elegida para protagonizar Supergirl es, en realidad, bien sencilla: el director Jeannot Szwarc (En algún lugar del tiempo, Tiburón 2) quería rodear a una desconocida de actores carismáticos siguiendo la plantilla de la primera Superman (en la que el “chico del teatro” Christopher Reeve fue arropado por figuras como Gene Hackman, Marlon Brandon o Valerie Perrine); con lo que se convocó un casting al que se presentaron más de 250 actrices. De ellas, 15 optaron a ser Kara Zor-El/Linda Lee/Supergirl… siendo Helen Slater, la primera en hacer la audición, quien cruzaría la pasarela gracias a su mezcla de inocencia, frescura y aura de estrella; las rumoreadas Demi Moore o Brooke Shields no tuvieron nunca opciones reales, Supergirl siempre iba a ser una recién llegada. Tras cuatro meses de entrenamiento, algún cambio de vestuario (inicialmente, Supergirl vestía un traje más “cósmico” y portaba una cinta roja en la cabeza) y varias reescrituras de guion tras la baja de Christopher Reeve (que debía hacer de anfitrión en la Tierra cuando llega Kara), el director francés gritó “¡Acción!” y el resto es historia… una que no es la que quiero contar. Porque yo quiero hablaros de cómo Helen Slater se convirtió en la primera Supergirl.


Helen Rachel Schlacter nació en Bethpage, Nueva York, el 15 de diciembre de 1963 y tiene el honor de ser una de las primeras superheroínas del cine salidas de las viñetas de los cómics. Hija de Alice (abogada) y Gerald (productor televisivo), siempre tuvo claro que le iba la farándula, por lo que tras hartarse a protagonizar obras de teatro y rodar algún anuncio, decidió estudiar arte dramático. Su papel protagonista en Supergirl fue entrar por la puerta grande en el mundo del cine ya que fue su primera película. De esto le habló a Michael Rosenbaum (Best. Lex. Ever.) en su podcast Inside of You:


Dos factores fueron clave para que la Slater se hiciera con el papel: en primer lugar, que su formación interpretativa tuviera lugar en el Fiorello H. LaGuardia High School of Music & Art and Performing Arts (que es la escuela de la película/serie/programa de Paula Vázquez ¡Fama!), a donde fue transferida desde el Great Neck South High School (pienso en la Marissa de la tercera temporada de The OC y lo duro que es para los chicos cambiarse de cole, incluso para los superpijos y superguapos). Esta mítica escuela para aspirantes a actores de Nueva York dio a conocer a sus estudiantes las pruebas para Supergirl (la actriz se graduó en junio e hizo el casting en octubre, no podía haberlo hecho antes debido a la estricta política del centro de no trabajar mientras se está recibiendo formación), de haber estudiado en otro sitio, vete tú a saber… ¿El segundo factor clave? Que la actriz se presentara al casting con un traje y una capita hechas a mano por su madre para la ocasión. La actriz afirmó verse “ridícula”, pero funcionó.


Abrazar la inocencia y el optimismo sin miedo al ridículo, tal cual se mostró en el casting, fueron ingredientes que se trasplantarían directamente a su versión de Kara Zor-El, la prima kriptoniana de Kal-El, cuya historia de “no llega a la Tierra hasta que es una adolescente” daba para algo más dramático y angustioso que la versión malvavisco con la que tuvo que lidiar Helen Slater. A este respecto, quiero acordarme de la Supergirl de Smallville donde Laura Van der Voort siempre le aportó decisión y arrestos al personaje que lo diferenciaba notablemente de la duda y bonhomía de Clark. En un momento nos detendremos en el particular enfoque que le dieron los productores a Supergirl, si veían al personaje como algo más que un mero producto derivado de las andanzas de su primo (spoiler: NO), pero exploremos antes aquello a lo que hemos venido: cómo una adolescente debutante se echa a las espaldas el peso una superproducción (pun intended) de este tamaño. ¿Decide “ser ella” y dejar que el trabajo de caracterización y efectos especiales hagan el resto? ¿Emplea “el método” (del que la actriz se declara defensora o, al menos, practicante) para borrarse ella y convertirse directamente en una alienígena del espacio exterior? ¿O, simplemente, intenta hacerlo lo mejor posible tirando de su instinto sin ponerle ninguna etiqueta a su forma de abordar el personaje?


Según declaraciones de la actriz, sería esto último: Helen Slater entendió que su objetivo principal debía ser diferenciar claramente la doble identidad de Supergirl (la kriptoniana) y Linda Lee (la “terrícola”): “(…) en lo que respecta a los dos papeles, para mí, Linda Lee era mucho más introvertida y, en cierto modo, más cerrada. Y Supergirl tenía mucha más de esa inocencia abierta”. Esto se aprecia con claridad en las secuencias de Linda con Lucy Lane (la hermana de Lois resulta ser su compañera de cuarto en el ¿internado? donde Supergirl se hace pasar por estudiante): siempre callándose algo para no llamar la atención, contenta con únicamente compartir espacio con un grupo de chicas. El contraste con Supergirl es claro: con el traje puesto, Helen es una mezcla de inocencia (cuando llega a la Tierra y se maravilla al ver una simple flor) y pose superheróica con brazos en jarra cuando toca (véase la humillación vía super-yoya y super-soplido a sus dos acosadores que son la “tarjeta de presentación” de los tíos ante ella -el guión, inocentón en su mayor parte, es sorprendentemente crudo, que no errado, en esta secuencia, la tenéis debajo-).


Más allá de la interpretación, hay algo ineludible en el género de las mallas y las capas: la parte física. Helen Slater apenas superaba los 50 kilos cuando consiguió el papel, por lo que empezó a machacarse para ganar masa muscular a las órdenes de Alf Joint, el entrenador que tuvo años antes Christopher Reeve (todo queda en casa). Además de correr y levantar pesas tres días a la semana, su rutina de entrenamiento incluía natación y una dieta alta en proteínas.


Otra cosa muy importante fue lo de “apender a volar”, que resultaría ser una de las mayores virtudes del film: sus secuencias de vuelo, especialmente la primera en la que representa una especie de ballet en el cielo (más que volar, “flota”), son más “artísticas” y estilizadas que las de Superman. Para conseguirlo, además del obligado juego de cables y pantallas verdes (o azul, en este caso), Helen Slater entrenó tres horas al día durante varios meses para moverse suspendida de cuerdas de piano. La formación como bailarina de la actriz jugó un papel fundamental en su dominio del “vuelo”. En el making of del film (debajo) se extienden en esto, pero tiene otros momentos interesantes, como cuando la actriz descubre que será la protagonista:


Tras el inesperado fracaso en taquilla de la que iba a ser su “peli lanzadera” (14 millones de dólares de recaudación sobre un presupuesto de 35, con la Slater embolsándose tan solo 700.000 dólares por su labor), la intérprete siguió encadenando un trabajo tras otro, lo que indica que la industria no la culpó a ella de la debacle: La leyenda de Billie Jean (1985), Por favor… maten a mi mujer (1986) o El secreto de mi éxito (1987) junto a Michael J. Fox, de la que aquí somos fans, fueron tres películas que solidificaron su nombre como una de las actrices populares de los 80.


Otras de sus producciones más destacadas son Juntos, pero no revueltos (con Patrick Mark pero el primer Mark Dempsey), Cowboys de ciudad (con Billy Crystal), La fuerza de la sangre (con Russell Crowe -que tenéis enterita en YouTube-) o series en las que ha aparecido de forma episódica como Seinfeld, Sigue soñando, Los líos de Caroline o Anatomía de Grey.

La leyenda de Billie Jean, película que ha adquirido cierto estatus de culto en Estados Unidos


La Slater volvería al universo DC como Lara, la madre kriptoniana de Clark Kent, en varias intervenciones de las temporadas 7 a 10 de Smallville; como Eliza Danvers, la madre adoptiva de Kara en la Supergirl del Arrowverso (¡cuya primera temporada estaba fuera del Arrowverse, locura!)… y en la peli The Flash “retomando” su papel de Supergirl en aquella secuencia junto a Superman/Christopher Reeve que a mí me sacó una lagrimilla pero que estaba tan generada por ordenador que es probable que los propios ordenadores pidieran un aumento de sueldo (en el film protagonizado por Ezra Miller salía otra versión de Supergirl, la de la injustamente olvidada Sasha Calle, que mereció mejor suerte al conectar con esa pura rabia indisimulada que sí ha sido explorada en los cómics en distintas etapas).


Como curiosidades, sabed que Helen Slater ha desarrollado una actividad paralela a la de actriz como compositora, pianista y cantante (Alicia Witt, anyone?); que se estaba sacando un doctorado en Mitología en el Pacifica Graduate Institute de California; y que es BFF en la vida real de otra Helen actriz, la Hunt. Ah, y para no cortar sus lazos con el personaje de cómic que le dio su bienvenida a Hollywood, la actriz colaboró con una historia para un número especial de DC para Supergirl en 2009.


Algo que la nueva Supergirl (protagonizada por Milly Alcock, escrita por Ana Nogueira, musicalizada por Claudia Sarne y dirigida por Carig Gillispie) intentará corregir con respecto a la película de hace 42 años es el enfoque con respecto al personaje protagonista: la fuerza de Kara Zor-El no reside en ser “Superman en versión chica”, sino en ser una chica con su propia personalidad, agenda y superpoderes que, si bien pueden ser compartidos con los de Kal-El, no son los que la definen. Hasta versiones más recientes del personaje como la Supergirl de la CW acababan dependiendo en gran medida de su relación con Clark, al menos en sus primeras temporadas. ¿Será posible que la Supergirl del siglo XXI sea exactamente eso, una película sobre Supergirl? Helen Slater declaraba en una entrevista que ese fue un problema con su versión: “El personaje se creó a partir de la imagen de un hombre, fue escrito pensando en cómo sería Superman si fuera una chica, en lugar de cómo sería alguien así si tuviera cualidades y habilidades inherentemente femeninas”.


Tal como indican en este estupendo artículo de Brights Lights Film, el guión de David Odell, responsable de los libretos de Cristal Oscuro o Masters del Universo (la de los 80), tiene una gran virtud y un gran defecto. Por un lado, le confiere un bienvenido aire de fábula a la película, que encaja muy bien con la inocencia de su protagonista, a medio camino entre El Mago de Oz (Supergirl quiere volver a casa) y Blancanieves (la villana del film, una exageradísima Faye Dunaway, relaciona su poder con un espejo mágico). ¿El defecto? Que Supergirl no alcanza su categoría de “súper” hasta que se pone en “modo hombre”: además de los superpoderes que recibe en nuestro planeta, con los que patea a quien se le ponga por delante, de repente es experta en el “ámbito masculino” de la ciencia, la lógica y la razón, todos estos campos que le eran esquivos en su planeta de origen; donde su mentor, interpretado nada menos que por Lawrence de Arabia himself, disculpa que no se le den bien las matemáticas y anima a Kara a centrarse en las “cosas bonitas” que puede crear con su imaginación… una visión reduccionista y pobre a la que, entiendo, van a dar una vuelta. Milly Alcock tiene la oportunidad trazar otro retrato de Supergirl para las nuevas generaciones.


Terminamos con unas declaraciones de Helen Slater sobre sus sentimientos hacia la película que la lanzó a la fama: “Sinceramente, lo digo de todo corazón: siento una enorme gratitud por la película. No solo fue como si se abriera una puerta, sino como si se derrumbara toda la fachada de la casa; fue como Judy Garland en El mago de Oz. Fue, literalmente, una explosión de Technicolor en mi vida. (…) en cuanto a la oportunidad que me brindó, y al simple hecho de sentir que podía dedicarme a la interpretación de forma profesional… eso cambió mi vida por completo. Así que, mirando atrás, diría que siento gratitud”.

Pincha aquí para escuchar una versión en podcast de este artículo con algún trailer, declaraciones de Helen Slater y hasta un trocito del tema principal de James Horner para Supergirl

Y si, por lo que sea, queréis merchandising de la nueva peli, aquí tenéis un porrón (hay cosas bastante chulas… e infinitamente caras)

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